viernes, 25 de febrero de 2011

Gracias Henry Rodríguez

Estimad@s compañer@s
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Mi situación no es demasiado distinta a la de much@s de ustedes: yo también me harté de que no me respondieran correos o me ofrecieran respuestas prefabricadas. Terminé mi escolaridad y decidí regresar a Venezuela a realizar mi tesis de maestría.
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Me tomé la molestia de pasar por el Fonacit una vez estuve en Caracas. De entrada me dijeron que posibilidades de renovación no había, no solamente porque mi petición era extemporánea, sino porque, además, HACE YA DOS AÑOS QUE EL FONACIT NO OTORGA BECAS, ESO PASÓ A FUNDAYACUCHO, así que tengan ese dato bien presente.
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Acto seguido le pregunté a Aura Jiménez (a quien finalmente conocí en persona) y al preguntarle si podía solicitar mi derecho al pasaje de ida y vuelta que nunca usé, me advirtió que podía contar con que la comisión evaluadora no me lo daría, por la sencilla razón de que no me permitirían continuar endeudándome con la institución. Tal respuesta asomaba, lógicamente, la siguiente: quizás para este momento ya me encuentro en esa fase del absurdo de los formalismos jurídicos según la cual debo reembolsar el dinero de la beca. En caso de concretarse dicha amenaza me encontraría ante la paradójica situación de pagar por un doble crimen que no cometí: agarrarme la plata para otra cosa que no fuera estudiar, pues mis calificaciones han sido las más altas de mi cohorte; y atrasarme en relación con lo pautado por el contrato, en tanto el retardo ha sido por causa de alteraciones en el calendario académico establecido por la Facultad, lo cual, obviamente, no es responsabilidad que se me pueda atribuir.
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¿Recomendaciones de Jiménez? Consignar una carta exponiendo mi caso. Por fortuna me traje un informe sobre el particular. Pensé que algún miembro del referido comité evaluador me atendería personalmente. En realidad, me dijeron que pasaran por una taquilla en la que una señora me esperaría con un gentil sello para estampármelo en el informe que entregué. A la pregunta sobre cuándo conocería el veredicto me respondió lacónicamente que ellos me llamarían. Buenas tardes, pues.
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Mi consejo a tod@s: hagan lo posible por comprarse un boleto y llegarse a la esquina El Chorro apertrechados de cuanto informe y prueba tengan de que son ciudadanos decentes y responsables, aunque hayan cometido el despropósito, como yo, de solicitar una de estas becas que, antes que tales, parecieran más bien pistolas apuntadas al pecho. Les juro que de haber conocido a lo que me atenía con suficiente anterioridad (dejé a un apoderado para que me firmara el contrato, pues éste estuvo listo varios meses después de mi partida) no me habría metido en este p...
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Por cierto, ¿a ustedes también les pasó que tuvieron que esperar un año para recibir el primer pago de sus becas? A mí eso me llevó al médico un par de veces y en más de una ocasión estuve a punto de devolverme sin haber terminado el posgrado. En realidad no lo hice principalmente porque ya debía demasiado dinero y no quería irme con la "cabuya en la pata", lo cual habría sido un deshonor para nuestro gentilicio.
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Como veo que en la lista de personas a las que llegó el correo de Daniel se encuentra el Prof. Henry Rodríguez, quiero aprovechar la oportunidad para enviarle un cordial saludo, pues mientras él estuvo al frente de esa dependencia no solo los pagos fueron puntuales y las respuestas inmediatas, sino que además, durante esa breve temporada por primera vez se sintió que estábamos al amparo de nuestro Estado y no simplemente atendidos por un call center.
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No acostumbro hacer este tipo de reconocimientos en público. En primer lugar, me aterra que se me pueda tomar por adulador. En segundo, porque respeto el derecho ajeno a no querer ruborizarse. Pero para ser más cínicamente franco aún: aprovecho la ocasión para destacar que durante mi tránsito por este calvario no he sentido que otro funcionario responsable de esa instancia haya atendido con un mínimo de sensibilidad el clamor de quienes pasamos meses viviendo de la solidaridad de amigos y quizás en algunos casos también familiares (que no fue el mío, dicho sea de paso), recurso que en nuestra condición de ciudadanos de un país que dista mucho de ser pobre resulta a todas luces inadmisible.
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Honor, entonces, a quien honor merece, como contracara del deshonor bien ganado por aquellos que nos han hecho pasar con total impunidad por estos amargos trances.
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No me queda más que desearles la mejor de las suertes, pues, como yo, de veras que van a necesitarla.
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Saludos desde nuestra hermosa Venezuela.
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PD: Ahora que caigo en cuenta, Henry Rodríguez no recibirá este mensaje, pues el correo que de él figura en esta lista es el que tuvo a su paso por el Fonacit. SI alguien lo llega a ver, salúdelo de mi parte (creo que regresó a su cargo de profesor en, me parece, la UCV).

Enrique Ortíz Rodríguez