Caracas 10 de septiembre 2014.- ¿Por qué tú sí tienes derecho a creer en un tipo que no viste nunca, y te dijeron que murió por ti de la manera más improbable científicamente, y yo no tengo derecho a creer en un hombre que vi, palpé, y presencié cómo dio todo por su gente hasta consumirse en medio del dolor y el odio de sus adversarios?
¿Por qué tú tienes derecho a orar, castigado porque un señor que es tan humano como tú te dice que debes expiar tus culpas y yo no tengo derecho a honrar con palabras a quién ayudó a mi pueblo en los momentos más difíciles?
¿Por qué tú tienes derecho a repetir de memoria letanías que no sabes quién o por qué hicieron, y te sientes orgulloso de tener miedo y yo no tengo derecho a crear junto a mis hermanos un humilde homenaje a quien nos dio esperanza a los pobres y sentirme libre y alegre por eso?
¿Por qué vives regodeándote en tu monopolio de la fe y yo no puedo ser feliz con mi creencia multicolor y mi gratitud de diversidad y puertas abiertas?
¿Por qué crees que la fuerza de una oración está en repetirla una vez a la semana? Es irónico, yo con decir mi verdad y lo que siento una sola vez desaté la furia de tus miserias.
Tu oración es una penitencia y una solicitud. Un aprendizaje impuesto. Un camino único. Mi oración es una ofrenda desinteresada y libre de rituales mecánicos. Mi oración es una elección libre que además resultó ser colectiva.
Si no puedes perdonarte ser una oveja, cómo vas a poder perdonarme ser especial.
Si no puedes alejarte de tu dolor, cómo quieres que te acerque mi alegría.
Si no puedes siquiera reconocer mi derecho al amor, no me pidas que reconozca tu triste derecho al odio. JF