martes, 30 de mayo de 2017

eL dIABLO


La primera tentación que conocemos es la del pan. “Y no comió nada durante aquellos días —dice Lucas—; y acabados ellos sintió hambre. Díjole el Diablo: si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.” (IV, 3- 4) Corrientemente se dice que el tentador quiso aprovechar el hambre de Jesús para desafiarlo. Pero el pensamiento de Satanás es más sutil y complejo. Tal vez no estuviese completamente seguro de que Jesús era Hijo de Dios, y quiso pedirle un prodigio, una transmutación material; si Jesús lo hubiese cumplido, el Diablo habría disipado su duda. Pero Cristo no quiso realizar aquel milagro que para un Dios era una nadería. Hubiera podido transmutar en pan aquella piedra: pero no quiso hacerlo. Satanás demostraba tener un concepto completamente materialista de la divinidad, como si ésta consistiese esencialmente en el dominio de las cosas exteriores y visibles. Cristo quiso darle una lección. Para las hambrientas turbas del desierto multiplicará de buen grado los panes;para los convidados de Canaán transmutará el agua en vino; pero en cambio no quiere satisfacer al Diablo. Y le contesta con las famosas palabras: “Escrito está que ‘No de solo pan vivirá el hombre’.” Estas palabras figuran en el Deuteronomio (VIII, 3): “No sólo de pan vive el hombre, pues el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahveh.” El verdadero alimento del hombre es, pues, espiritual; las palabras que salen de la boca de Dios, es decir, de la Verdad, sustentan su vida. La réplica no podía ser más adecuada: el Diablo está sumido en la materia y es padre de la mentira; Jesús le contrapone el Espíritu y la Verdad. La primera prueba ha sido divinamente superada. Para cumplir su función hasta el fin, el Diablo ha de escogitar otras insidias.

LA SEGUNDA TENTACIÓN DE JESÚS “Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo y le dijo: si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito está: ‘A sus ángeles ordenará acerca de ti que te guarden’; y que ‘en las manos te tomarán, no sea que tropieces con tu pie en alguna piedra’.” (Lucas, IV, 9-11) En esta segunda tentación hay dos cosas notables. Si el Diablo condujo a Jesús con tantarapidez a Jerusalén y pudo colocarlo en la más alta cima del Templo, tiene que
haberlo llevado en vuelo: el Diablo aun disponía, pues, de sus alas de Arcángel. La segunda es que para adaptarse al estilo de Jesús, el Diablo cita las palabras de la Escritura. Da pruebas, pues, de que conoce de memoria el texto sagrado, ya que su cita está tomada literalmente de un salmo (XCI, 11-12).
Satanás, siempre en dudas, pide otro prodigio. Después de la prueba de la transmutación, la prueba de la levitación. Jesús tiene que dejarse caer de la más alta cima del Templo y llegar a tierra sin dañarse. Satanás sigue no entendiendo: como los rudos judíos,pide una señal, un milagro material. Pero también en esta segunda tentación se revela la verdadera naturaleza del Diablo, que tiende a arrastrar hacia abajo. No le pide a Jesús que se eleve en el cielo —como Él hará luego en la Ascensión— sino que se
precipite de arriba abajo, es decir que descienda y no que suba. Quería que lo imitase. Tampoco esta vez quiso Jesús acceder a aquella prueba ridícula y humillante y se limitó a contestar con otra expresión de la escritura: “No tentarás al Señor Dios tuyo.” (Deuteronomio, VI, 16) Con estas palabras Jesús confirma que Satanáspuede tentar hasta a Dios, reconocimiento cuyo significado e importancia veremos en otra ocasión. Y al mismo tiempo le revela al tentador Su verdadero ser, es decir Su naturaleza divina, aplicándose a sí mismo las palabras que el Deuteronomio atribuye a Yahveh. Creo que nadie ha notado que Cristo hizo la primera confesión de su propia divinidad al Diablo, precisamente a quien osó desafiar a Dios, a quien “alzó las cejas contra su Hacedor”, como con estupenda imagen dijo Dante. En el momento del bautismo, una voz había proclamado a Jesús verdadero Hijo de Dios; pero era una voz que había descendido del cielo, y no la misma voz de Jesús. Aquí, en cambio, es el mismo Cristo quien afirma que es Dios; y se lo afirma, antes que a los
demás, al Adversario vencido. Más tarde se lo dirá también a los hombres; pero no debemos olvidar que se lo dijo, y con las mismas palabras de Dios, al Adversario que dudaba de ello.

LA TERCERA TENTACIÓN DE JESÚS La tentación más reveladora es la tercera. El Diablo lleva en vuelo otra vez, quizás en hombros, al anacoreta hambriento y lo transporta a la cúspide de un monte. “Y habiéndole llevado a un sitio alto, le mostró todos los reinos de la tierra en un instante, y díjole el
Diablo: ‘Te daré toda esta potencia y la gloria de ellos, puesto que a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy:si, pues, Tú te postrares delante de mí, será tuya toda’.” (Lucas, IV, 5-8) Aquí se manifiesta con luz franca el fondo más hondo del ánimo de Satanás. Aquí no es un jactancioso ni un usurpador. En verdad, Dios lo ha hecho “príncipe de este Mundo”; y es cierto que esos reinos que se extienden entre montañas y mares son suyos, pues, bien suyos. Puede, pues, entregárselos a quien quiera, cederlos o darlos en trueque. Pero ese universal dominio terreno no le basta, no lo consuela lo suficiente del arrogante y fracasado sueño de otra dominación muy distinta. No quiere reinar, sino ser
adorado; no le basta ser el monarca de la tierra: quiere ser un Dios ante el cual hasta el Hijo de Dios haya de postrarse. Y por ello está dispuesto a abandonarle a Jesús el imperio del mundo, con tal de
que Él reconozca su divinidad, lo adore de rodillas, le acuerde, en fin, lo que viene deseando desde el lejanísimo día de la rebelión contra el Creador. Si Jesús es en verdad Hijo de Dios y accede a prosternarse en acto de adoración, Satanás obtendrá por fin su desquite. Renuncia al Principado, pero
para lograr paridad con Dios. Ese es el trueque que le propone a Jesús, y al mismo tiempo la prueba de que su antiguo anhelo subsiste tercamente, y la confirmación de su ciega e insolente estupidez. ¿Cómo podía ocurrírsele que Cristo, el Primogénito del Padre, que había descendido a la tierra para rescatar a los hombres convertidos en vasallos de Satanás, habría de dejarse tentar por el ofrecimiento de esos reinos y habría de poder adorar, genuflexo, al enemigo de Dios y del género humano? También esta vez Jesús replica con una cita del antiguo testamento: “Y respondiendo Jesús, le dijo: —Escrito está: ‘adorarás al Señor Dios y a Él solo darás culto’.” (Deuteronomio, VI, I3) Es una de las afirmaciones del monoteísmo judaico, que se contrapone netamente al dualismo iránico. Ni siquiera Satanás admitiría ser un Dios junto a otro Dios; quisiera estar solo; y el viejo Dios,desposeído, debería ser el primero que
se postrase ante él. Después de esa tercera repulsa, el Diablo dejó solo a Jesús; pero no para siempre. Habría de regresar una vez más, en hora más propicia. “Y habiendo dado fin a toda tentación, el Diablo se retiró de Él hasta otro tiempo oportuno.” (Lucas, IV, 13) LIBRO AQUI

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