viernes, 12 de mayo de 2017

Proceso de Mestizaje en Venezuela

Los estudios genéticos están confirmando que Venezuela es un país de mestizos, percepción que está presente en la población general desde la época colonial, cuando fue alertada por el libertador Simón Bolívar en su Discurso de Angostura, de 1819 (Bolívar, 1913), y permite explicar que los registros civiles en Venezuela nunca han producido información censal sobre razas, como todavía se hace en otros países americanos.

En el pensamiento de venezolanos notables que contribuyeron a forjar la historia reciente del país, el tema del mestizaje es abordado anunciando una idea que es constante: Venezuela es un país que llega
al siglo XXI aceptando el mestizaje fecundo que lo ha hecho un país pardo. Luis Moreno Gómez (1987) lo afirma sin titubear: Venezuela es parda, parda en la piel, parda en la mente y en la vida social. Esta aceptación de su carácter mestizo es reiterada en los planteamientos relativos al mestizaje que, desde Simón Bolívar hasta Arturo Uslar Pietri, conciben a los venezolanos como un nuevo
tiempo, como una construcción novedosa y única en el contexto latinoamericano.

En la Carta de Jamaica, de 1815 (Bolívar, 1964) y en el Discurso de Angostura, de 1819 (Bolívar, 1913), Simón Bolívar decía que los venezolanos son una especie nueva, que no es aborigen, ni espa-
ñola, ni africana, pero, eso sí, americanos por nacimiento y europeos por derecho. Así mismo, Gil Fortoul (1956), al referirse a la confluencia de razas que acarreó la desaparición de las poblaciones aborígenes, anuncia que el hombre que predomina en Venezuela es de una raza mezclada perteneciente a una nueva nacionalidad, a una nueva familia que se formó con los tres elementos étnicos que
integraron la raza conquistadora y la raza conquistada, y que del mestizaje emerge un carácter nacional con nuevos ideales y un nuevo espíritu. Por su parte Salas (1971) se refirió al mestizaje calificándolo como una amalgama de razas y anunció que los espa-ñoles al unirse a los aborígenes formaron un
nuevo tipo humano que es la corona del génesis. Vallenilla Lanz (1953, 1961) menciona que la mezcla de españoles, indios y negros dio origen a una raza nueva completamente mestiza que formó un pueblo inteligente, enérgico y uno de los más revoltosos de América Latina. Así mismo, Siso (1953) des-
taca el papel que tuvo la encomienda de indios para ubicar los derroteros que tuvo el mestizaje desde la época colonial; primero, buscó en la vida privada de los encomenderos las uniones que establecieron por concu-binato con las indias y, luego, describió cómo los descendientes de estas uniones se
multiplicaron en una segunda etapa de mestizaje que integraba sin dificultades a las esclavas negras que trabajaban en las haciendas. Su interés fue mostrar cómo ese incesante, variado y heterogéneo intercambio sexual impulsó un mestizaje tan particular, que dio origen en una misma familia a personas de todos los colores, y que este hecho contribuyó a la formación de una nacionalidad específica y propia, que distingue a Venezuela de otras naciones hispanoamericanas. Finalmente, Uslar Pietri (1966, 1990) da cuenta de la expresión más acabada en la historia de las ideas sobre el tema del mestizaje venezo-lano. Afirma que ese gran encuentro entre colonizadores españoles, aborígenes y africa-
nos impulsó un nuevo rumbo, un hecho nuevo que penetró todos los ámbitos de la cultura, incluyendo las ideologías, la literatura y el arte. Explica que desde el primer día de la conquista, españoles e indios ya no fueron los mismos, y que los negros que llegaron después tampoco siguieron siendo lo que ha-
bían sido en África, porque ese encuentro creó un nuevo color de piel y una adaptación biológica, cultural y social sin precedentes. Concluye que los venezolanos son representantes de un mestizaje único porque pertenecen a la civilización occidental y al Tercer Mundo, porque tienen vínculos naturales con África y Asia y porque llevan por dentro como característica fundamental la vocación
del mestizaje.

La ideología del mestizaje, esbozada en el pensamiento de los autores que han contribuido a reconstruir la historia reciente del país, es el sustrato de una bandera política que ha sido enarbolada a lo largo del siglo XX. Se trata de la democracia racial, según la cual, el color de la piel no es razón para que existan prejuicios o discriminación entre los venezolanos.

La práctica de la democracia racial asume que Venezuela es un país de blancos, catires, morenos o pardos, trigueños, negros e indios; que no existen dicotomías o tipologías tajantes para diferenciar
a las personas, porque el color de la piel presenta una infinita variedad de matices que se aclaran o se oscurecen en una gama multicolor. Cada familia por más blancura que ex-
pongan sus integrantes tiene su negro, su moreno o trigueño en algún pariente, y éste para nada es rechazado, sino querido y consentido por familiares y amigos. Nadie en Venezuela puede aseverar que es blanco puro, todo el mundo tiene una gota de negro, porque los venezolanos son color “café con leche”, como lo aseguró en 1944, el poeta Andrés Eloy Blanco (citado por Wright, 1990).

En razón de la educación democrática que siempre propició el igualitarismo a lo largo del siglo XX, entre los venezolanos predomina un rechazo a reconocerse a si mismos como racistas y esa es una actitud que ha sido descrita como “racismo vergonzante” (Briceño León et al., 2005).
En consecuencia, la exclusión en Venezuela no proviene de posiciones racistas sino de posiciones clasistas, es decir que el marcador más importante para definir diferencias y exclusiones es la clase social.

Es cierto que existe un ansia de blanqueamiento; es cierto que puede existir un racismo solapado o representaciones cognitivas de un racismo oculto en una sociedad que se dice no racista (Montañés,
1993), pero la descalificación o el prejuicio sugeridos por el color de la piel no es causa para el odio, el conflicto o la persecución, hechos que sí son promovidos por el ejercicio de la política o la carencia fundamental que lleva a todas las formas de pobreza.

Es pertinente ahora recordar el punto de vista planteado por Bermúdez (1998) sobre el tema, al señalar que “El racismo requiere de un marco jurídico desigual y excluyente. La discriminación social es por el
contrario, una respuesta cultural a la coexistencia de dos o mas grupos étnicos que se disputan un espacio determinado... En una sociedad plural como la venezolana, en la que coexisten treinta y dos grupos indígenas, portugueses, colombianos, ecuatorianos, peruanos, chilenos, argentinos, dominicanos, italianos, españoles, alemanes, árabes, judíos, canarios, haitianos, chinos, japoneses, negros que son venezolanos antes que negros y mestizos de todos los colores, la diferencia crucial que persiste entre los que son venezolanos y los que no lo son es que el español, el indio y el negro formaron antes que llegaran las oleadas migratorias procedentes de otros países, el embrión del ser venezolano”.


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