viernes, 2 de junio de 2017

Considerando urgente



Que vive entre nosotras “un animal remoto que devora y devora primaveras”, que llegó de las estrellas a través de una caverna llamada nacer, berreando como una fiera. A la que amamos,alimentamos, enseñamos a caminar y hablar. Pero que ante nuestros ojos nutridos de desespero pasa de ser un niño dulce y complaciente a un adolescente malcriado e impertinente, con suerte. Que deviene en un hombre conveniente, sujeto a una violencia constitucional y social, propia o de los otros. Siempre en contradicción, sin lugar propio, ni tiempo presente. Ambicioso, codicioso, caprichoso, para el que no valen argumentos, ni contemplaciones. Al acecho de sus semejantes y exterminador de todo: seres y cosas.

Que es totalmente egocéntrico, atrapado en si mismo, incapaz de sentir simpatía o identificarse con los demás, de sentir amistad, afecto y ternura. Unidad aislada, incapaz de consustanciarse. Con una inteligencia al servicio de sus instintos y necesidades, incapacitado para la pasión y la interacción mentales.

Que está atrapado en una nebulosa a medio camino entre las personas y los monos.

Que toda su historia está escrita con la sangre de quienes no admiten jerarquías, ni escalas de valores.

Que alcanza la autoridad generalizada mediante la manipulación del dinero y de cada cosa y de cada persona controlada por el dinero.

Que intenta imponer un código “social” que garantice una insipidez total que no se vea mancillada por un mínimo vestigio de trascendencia personal.

Que en el hogar sólo quieren paz y tranquilidad, satisfacer su idea ilusoria de dignidad (“respeto”).

Que que nunca dice la verdad, excepto por accidente.

Que el patriarcado es el verdadero sistema de dominación que soporta el capitalismo que amenaza con destruir nuestra vida en la tierra.

Que lo que conocemos como femenino en el patriarcado no es lo que las mujeres somos o hemos sido, sino lo que los hombres han construido para nosotras.

Que la construcción patriarcal de la diferencia entre la masculinidad y la feminidad es la diferencia política entre la libertad y el sometimiento.

Que nuestra prolongada esclavitud es el capítulo no escrito en la historia de la humanidad.

Que hoy como ayer, las mujeres debemos negarnos a ser sumisas y crédulas, pues el disimulo no sirve a la verdad.

Que amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior.

Que aspiramos vivir en un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

Que una mujer libre es justo lo contrario de una mujer fácil.

Que no hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedan imponer a la libertad de nuestras mentes.

Que somos las primeras excluidas del corazón, pensamiento y acción, del imaginario masculino. Salvo como Incubadoras de enclavas de esclavos: vencidos, extranjeros, negros, rojos, amarillos, pobres todxs.

Que no planteamos ninguna guerra. Ni el asesinato de nuestros oponentes. Ni crear campos de concentración o matar de hambre a nuestros enemigos, ni practicar crueldades. Nuestra batallas son por la educación, por el derecho a decidir, por mejores condiciones laborales, para seguridad en las calles, para el cuidado de lxs niñxs,  para el bienestar social, para centros de crisis de violación, refugios de mujeres, reformas legales.

Que la misoginia que se encuentra en todas las culturas no es parte de la condición humana. Es la vida fuera de equilibrio, y ese desequilibrio está chupando algo del alma de cada hombre y mujer.

Que sexismo, racismo y clasismo se interconectan, y deben ser desafiados constantemente.

Que lo nuestro revolucionario es la democracia participativa y protagónica.

Invitamos a nuestros padres, hermanos, amigos e hijos ha realizar un examen de conciencia intimo y genérico que tenga como objeto evaluar el concepto de masculinidad aprendido o heredado y su viabilidad presente y futura. Así como su posible resemantización en función del abandono voluntario de la jerarquía que da lugar a la estructura del poder que cristaliza en miedo y cólera, auto-destructiva y voraz.


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