jueves, 6 de julio de 2017

El primero de ellos se produjo cuando el místico sufí era joven. El filósofo Averroes había oído hablar de él y quiso conocerlo. El padre de Ibn'Arabî facilitó la entrevista, y cuando el joven llegó a la casa del filósofo, éste le dijo: sí; a lo que el El primero de ellos se produjo cuando el místico sufí era joven. El filósofo Averroes había oído hablar de él y quiso conocerlo. El padre de Ibn'Arabî facilitó la entrevista, y cuando el joven llegó a la casa del filósofo, éste le dijo: sí; a lo que el chico respondió: sí. Al ver la alegría que Averroes manifestaba por la coincidencia de las respuestas, Ibn'Arabî se apresuró a decir: no. Entonces el filósofo se entristeció, empezó a dudar de la verdad de su propia doctrina y le preguntó cómo era posible resolver el problema desde la inspiración divina (Ibn'Arabî tenía fama de haber

alcanzado la sabiduría en un retiro espiritual), y si ésta enseñaba lo mismo que el razonamiento. Entonces el místico respondió: “Sí y no. Entre el sí y el no, salen volando de sus materias los espíritus y de sus cuerpos las cervices”.

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