jueves, 21 de octubre de 2010

Réquiem por la Policía Metropolitana

Ernesto Villegas Poljak
A la PM le quedan menos de tres meses de vida. Lo anunció en estos días, con otras palabras, por supuesto, el comisario Luis Fernández, director de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), cuerpo que está absorbiendo a aquellos “azulejos” [PM] que pasen estrictos exámenes y cumplan con el perfil exigido para formar parte del nuevo modelo policial venezolano. Lo confirmó, al día siguiente, el comisario Carlos Meza, director de la PM, quien recordó que la desaparición de ese organismo está prevista en la ley, aunque del día exacto de la cesación de funciones aún no se le había notificado oficialmente. Para ese momento, todas las sedes y equipos de la PM habrán pasado a manos de la PNB.
Del destino de los “pe-emes” que no pasen la prueba ni reúnan los requisitos, se ocupará una junta liquidadora. Pagar sus prestaciones con prontitud y ofrecerles oportunidades de crédito, trabajo o estudio en otras áreas no sólo sería un acto de justicia y humanidad, sino también de conveniencia social, como en cualquier país donde grupos de hombres en armas terminan desmovilizados. Sea cual sea, el último día de la PM marcará un punto de inflexión en la lucha contra la criminalidad.
Lamentablemente y a pesar de que a lo largo de su historia muchos funcionarios fueron ejemplo de arrojo y honestidad en el ejercicio de sus funciones, al punto de ofrendar sus vidas en nombre del deber, la imbricación de esta policía con la criminalidad se hizo incontrolable por la propia institución, de modo que no hubo más remedio que acordar su desaparición como paso indispensable para replantear la manera de concebir y ejercer la función policial en Venezuela.
Vaya paradoja: un Gobierno presidido por un militar al que se acusa de dictador convocó a académicos y defensores de los DDHH para participar del diseño e implantación del nuevo modelo policial. En lugar de López Sisco y Posada Carriles [responsables de varias masacres], gente como Antonio González y Pablo Fernández, de la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz, son profesores de la novísima Universidad de la Seguridad, que formará al personal de la PNB. Este 18 de octubre de 2010 inicia clases con mil 500 alumnos provenientes de la PM y el Vivex.
La PNB no sólo exige un perfil que excluya las personalidades propensas a la violencia, la arbitrariedad y la corrupción. Los funcionarios provenientes de la PM y otros cuerpos se encuentran allí con una estricta normativa diseñada entre defensores de DDHH, víctimas de abuso policial y funcionarios ganados a la superación de los vicios propios de las instituciones policiales donde ellos mismos han trabajado, de modo que las conocen muy bien desde dentro.
Así es que, por ejemplo, los integrantes de la PNB tienen prohibido utilizar su uniforme mientras no están en servicio, con lo cual les será imposible, como hoy sucede con la PM, hacer las veces de vigilantes privados de negocios legales o ilegales en el “tiempo libre’ Cada uno de ellos, además, tiene asignado su respectivo armamento, de modo que tampoco podrá darse el tristemente célebre “alquiler” del arma de reglamento a elementos del hampa común. La desregulación de la función policial deja, pues, de ser la norma.
Por lo demás, un salario decente dificultará el pretexto de la baja remuneración para aquellos que, escudándose en ésta, sucumban a la tentación de corromperse.
El abogado Ignacio Ramírez suele llamar la atención sobre el hecho de que (cada vez que hay elecciones y las policías permanecen acuarteladas, la ocurrencia de delitos disminuye práctica mente a cero.
¿Morirá con la PM el viejo modelo policial? Claro que no. Las desviaciones y vicios no son exclusivos de esa policía. Están extendidas en la generalidad de los cuerpos policiales, nuevos, viejos, nacionales, estadales y municipales. Pero por algún lado había que comenzar. Esperemos, a la luz de los hechos en Ecuador, que nadie trate de pescar en río revuelto.

Quinto Día, 15 al 22 de octubre 2010.

viernes, 15 de octubre de 2010

Recordando a Mario Vargas: A propósito del Premio Nobel de Literatura

Guillermo Ruiz Torres (especial para ARGENPRESS.info)


En pleno fragor de la campaña presidencial de 1990 tuvo lugar un debate entre los principales contendientes, Alberto Fujimori, quien después sería elegido presidente con dramáticas consecuencias para la mayoría expoliada del país, y el laureado escritor Mario Vargas Llosa. El genocida Fujimori era ya asesorado por agentes del servicio de inteligencia que habían estudiado los puntos débiles del escritor. Con la consabida malicia que caracteriza a estos personajes le recomendaron a Fujimori que se dirigiera a su contrincante en el debate televisivo como “Mario Vargas” y no como “Mario Vargas Llosa”. Los esbirros sabían que el escritor era muy sensible a ser llamado “Vargas” lo que significa, en el Perú clasista, racista y post-colonial, ser cualquier hijo de vecina. “Vargas Llosa” suena, por otro lado, bien; se lo asocia con la élite y la plutocracia peruana. Y así fue. Tras se llamado repetidas veces “Vargas” el escritor perdió los papeles y demandó enérgicamente ser llamado con sus dos apellidos. Punto para Fujimori.






Esta anécdota dice mucho sobre Mario Vargas Llosa que acaba de ser galadornado con el Premio Nobel de Literatura. Y dice mucho sobre un escritor que siendo joven, y quizás siguiendo los vientos alborotados de los 60, se reputaba de izquierda para irse convirtiendo con el tiempo en uno de los más acérrimos defensores del sistema neoliberal. Esto, aunado a su protagonismo político, hace del escritor un personaje controvertido sobre todo en el Perú. En estos momentos casi la totalidad de los políticos, periodistas e intelectuales peruanos llaman a cerrar filas apoyando el Premio Nobel más allá de circunstanciales desavenencias ideológicas o políticas. Hasta medios periodístcios y políticos que se dicen de izquierda celebran con algarabía la condecoración al escritor peruano. Todos parecen olvidar el personaje político y público Vargas Llosa, es decir qué y a quién defiende este desde hace ya más de tres décadas.






Nadie puede negar la calidad de Vargas Llosa como escritor. La Academia Sueca no está muy lejos de la verdad al afirmar que se encuentra en su obra una realizada “cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. El nobel peruano posee una capacidad impresionante para captar personajes y realidades, y plasmarlas en tinta en sus más intrincados vericuetos. Eso lo demuestra, por ejemplo, en Conversación en la Catedral: una obra donde salda cuentas con una izquierda más radical en la cual tuvo una militancia fugaz. Vargas Llosa desliza su crítica a las taras de una izquierda atrapada en su rigidez y falta de creatividad, así como a muchos de sus militantes de estratos pequeñoburgueses que no pueden vencer su mediocridad y falta de consecuencia. Curiosamente, la etapa más rica del escritor peruano, con obras como la arriba mencionada Conversación en la Catedral o su excepcional La Guerra del Fin del Mundo, fue durante su época más progresista. Pero más allá de elucubraciones respecto a una posible correlación entre una obra lograda y el compromiso político, se debe dejar sentado una vez más que nadie niega la capacidad literaria del recientemente galadornado peruano.






Es necesario recordar, sin embargo, quién es el personaje político Vargas Llosa a quien el mundo entero hoy vanagloria, no sólo por sus cualidades literarias, sino por su defensa de la libertad. Refresquemos la memoria. Su papel más nefeasto lo cumplió cuando fue miembro de la Comisión Investigadora sobre los Sucesos de Uchuraccay sobre la masacre de ocho periodistas peruanos. Cabe recapitular los hechos. En 1983, un grupo de periodistas fue a Ayacucho, una provincia en el sur de los Andes peruanos, a cubrir una nota sobre el ajusticiamiento de presuntos miembros de la guerrilla del PCP-“Sendero Luminoso” a manos de la comunidad campesina de Huaychao cercana a la población de Uchuraccay. Por esa época, las Fuerzas Armadas comenzaban a usar la táctica de armar a campesinos para enfrentar a los alzados en armas que también eran en gran parte campesinos quechuahablantes. Es la misma táctica contrarevolucionaria que se usó en Vietnam, Nicaragua y Guatemala de enfrentar pueblo contra pueblo. Cuando los periodistas llegaron a Uchuraccay indagando sobre lo que había pasado la semana anterior en el poblado vecino, se encontraron con una masa enardecida que les dio muerte a golpes y machetazos. En esta comunidad, la Marina, que había sido enviada para “pacificar la región”, apoyaba una fuerza paramilitar que llamaron eufemísticamente “ronda campesina”; más tarde recibirían el pomposo nombre de “Rondas de Defensa Civil”. Tras algunas investigaciones independientes, se llegó a la conclusión que los pobladores de Uchuraccay le habían dado muerte a los periodistas por considerarlos “terroristas”. Esta había sido la consigna que les había dado la Marina, la de matar a cualquier extraño en la zona. Y lo habían hecho a pesar que los periodistas habían suplicado de rodillas por sus vidas, tal y como lo demostró el material gráfico encontrado poco después de la masacare. Las Fuerzas Armadas trataron desde un principio de tergiversar los hechos para exhimirse de cualquier responsabilidad.






La citada Comisión Investigadora presidida por Vargas Llosa llegó a la conclusión que la masacre era producto de la existencia de “diferencias culturales entre los campesinos quechuahablantes y los periodistas provenientes de un mundo urbano” y que las “Fuerzas Armadas no habían tenido ninguna responsabilidad en el hecho”. Conclusiones que estaban reñidas con todas las evidencias y la lógica más simple, sobretodo teniendo en cuenta que los pobladores victimarios estaban en contacto constante con militares y policías. De esta manera, Vargas Llosa exculpó al Estado peruano y las Fuerzas Armadas de toda responsabilidad en la masacre, y formuló la tesis que los pobladores andinos eran pobres ignorantes, semi-salvajes que se hallaban atrapados en una suerte de vorágine de “violencia propia del mundo andino”. En una entrevista posterior dada a la revista Caretas el novelista sostiene incluso que la masacre era resultado de la existencia de “dos Perús”, uno compuesto por hombres que viven en el siglo veinte y otros, como los pobladores de Uchuraccay, que viven en el siglo 19 o incluso en el siglo 18. Esta era la oportunidad para criticar la política de militarización de los Andes peruanos y la abdicación del Estado de Derecho que costaba la vida ya a miles de peruanos. Vargas Llosa prefirió avalar una política contrainsurgente violatoria de derechos humanos entrando así con méritos propios al nefasto libro negro de la infamia en la ya de por si negra Historia del Perú oficial.






El novelista ha seguido demostrando su desprecio por la cultura indígena, que él la considera como símbolo del atraso, enemiga del llamado progreso y de la modernidad. En su ensayo La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo, Vargas Llosa pretende romper con el mito del indigenismo que es una corriente literaria que reivindica el mundo andino. Afirma que fue “una ficción ideológica, de corte pasadista y reaccionaria...colectivista, mágica, irracionalista, antimoderna y antiliberal”. Más allá de que uno pueda coincidir con alguna de las tesis de Vargas Llosa, con respecto a la idealización del mundo andino, lo central es que lo niega en sus valores, en tanto espacio socio-cultural que forme parte de un proyecto de sociedad. De esta manera, Vargas Llosa representa el lado oscuro de la modernidad: el de negar la validez de realidades que contradicen el principio uniformizante de la modernidad y del llamado progreso. El Indigenismo contribuyó ostensiblemente a la revaloración del mundo andino que había sido percibido (y aún hoy) como sinónimo de atraso y pobreza de espíritu. El Indigenismo contribuyó, a su vez, para fortalecer la conciencia rebelde de intelectuales y pobladores andinos sobre las injusticias y el maltrato milenario que los ha acosado.






Esta negación explícita de otras realidades que no son las suyas, así como su papel de librar de responsabilidad al Estado peruano y a las Fuerzas Armadas en la masacre de Uchuraccay, están reñidas con su reputada imagen de paladín de la libertad. Y es que Vargas Llosa no es un defensor acérrimo de la libertad entendida como la capacidad de poder decidir. Es un denodado defensor de la libertad de las transnacionales. Para él, la libertad es sobre todo la libertad de invertir a costa de los pulmones de los mineros destrozados en los socavones de las empresas mineras, a costa de tierras arrasadas por el monocultivo y pesticidas impuestos por las multinacionales de las industrias alimenticias. Sobre todo en los últimos años, el novelista peruano se ha cuidado de no dejar la imagen de un filo fascista. Se ha pronunciado contra el racismo en Europa, contra el vil asalto de fuerzas israelitas a una fragata de solidaridad que pretendía hacer ingresar alimentos a Gaza este año o contra los decretos que recientemente ha intentado aprobar el gobierno de García Pérez en el Perú para garantizar la impunidad de militares y policías responsables de la desaparación y el asesinato de miles de peruanos en el marco de la lucha contrasubversiva. Pero el que pesa largamente es el Vargas Llosa que desde hace años despotrica contra Cuba, Castro, Chávez, Morales, Sendero Luminoso, las FARC, el Foro Social y contra todo aquello que huela mínimamente a proyecto revolucionario o social o incluso a derechos colectivos. Vargas Llosa propugnaba y propugna la “libertad individual”. Una libertad individual que no puede ejercer un obrero que recibe un sueldo miserable de la clase empresarial a la que Vargas Llosa apoya a capa y espada. Una libertad individual que no puede ejercer plenamente un campesino quechuahablante analfabeto, cuyas tierras comunales, que otrora eran inalienables, Vargas Llosa propugnaba dejar a merced de la pujanza de las transnacionales de los alimentos. Una libertad individual que no puede ser ejercida plenamente por millones de peruanos, víctimas del racismo de esas élites que Vargas Llosa defendía y sigue defendiendo. Con tanta necedad ha defendido Vargas Llosa el modelo neoliberal que ha llegado verdaderamente al delirio. A raíz de la crisis económica del 2000 en Argentina, el escritor peruano escribió en El País que el culpable de la crisis eran “las secuelas de la políticas proteccionistas de Juan Domingo Perón (!!!)”. Por supuesto, el escritor peruano no lanzó ninguna crítica contra el saqueo que neoliberalismo salvaje de Menem hizo en la Argentina ni contra los bancos europeos que, al más puro estilo de embacaudor y ladrón barriobajero, se fueron del país robándose los ahorros de miles de argentinos.






Consecuente con sus principios, el novelista fue candidato a presidente de la República del Perú por el movimiento Libertad que el fundó sobre la base la ideología neoliberal. El escritor prometía un cambio, pero el gran empresariado que lo acompañaba dejaba claro que si había algún cambio este sería en favor del gran capital. Al final perdió la carrera presidencial frente a Fujimori. Hacia finales de los ochenta la pobreza en el Perú alcanzaba más del 60% de la población y la pobreza extrema más del 30%. El escritor iba de la mano de esa clase empresarial que era uno de los principales responsables de dicha pobreza, y que durante años había medrado de subsidios estatales para hacer crecer sus riquezas, y que ahora reclamaba aun mayores beneficios.






Su retiro activo de la política no ha significado que Vargas Llosa se haya retirado de la misma. En las últimas elecciones presidenciales en el Perú, apoyó a Alan García quien fue responsable en su primer gobierno (1985-1990) de las mayores violaciones de derechos humanos durante la guerra contrainsurgente en los años 80 con un saldo de decenas de miles de muertos, desaparecidos, torturados y detenidos. Más recientemente, Vargas Llosa tomó posición contra los pobladores de la provincia amazónica de Bagua en el Perú que en junio del 2009 se levantaron contra decretos que permitían la privatización de recursos forestales e hídricos con nefastas consecuencias para la vida de las comunidades nativas y el medio ambiente. Las comunidades nativas exigían tan solo ser consultadas antes que alguna empresa llevase a cabo alguna actividad exploradora o extractiva. Eran decretos con el más puro sello del lobby de las empresas petroleras y del gas. La rebelión fue sangrientamente develada con un saldo de más de 30 muertos. El novelista apoyó los controvertidos decretos sosteniendo que la región necesitaba inversión privada. Y es que Vargas Llosa muy rara vez, si es que lo he hecho en alguna ocasión, ha afilado su pluma contra el capitalismo salvaje y depredador de las empresas transnacionales. Para criticar a Chávez, Vargas Llosa está siempre alerta. Pero no es así cuando se trata de denunciar a empresas mineras que contaminan ríos y valles, o a multinacionales que se benefician del trabajo infantil o incluso de esclavos, o los ínfimos salarios que reciben cientos de millones de obreros en el mundo que los mantienen en la miseria enriqueciendo principalmente el gran capital.






A decir de muchos, habría sido su derrotero político que lo había mantenido Vargas Llosa lejos del Premio Nobel. Pero parece que los tiempos cambian, y con ellos la Academia Sueca. Sobre todo cuando la derecha está en el gobierno ya desde años. Sin embargo, este cambio no significa que el Premio Nobel haya sido un referente. Cabe recordar que Sartre rechazó el premio en 1964. El autor de La náusea declaró, en una entrevista que le hicieran para la revista francesa Le Nouvel Observateur, el 19 de noviembre de 1964, que “si hubiera aceptado el Nobel -y aunque hubiera hecho un discurso insolente en Estocolmo, lo que hubiera sido absurdo- habría sido recuperado. Si hubiera sido miembro de un partido, del Partido Comunista, por ejemplo, la situación hubiera sido diferente. Indirectamente, hubiera sido a mi partido que el premio habría sido discernido; es a él, en todo caso, que hubiera podido servir. Pero cuando se trata de un hombre aislado, aunque tenga opiniones "extremistas" se lo recupera necesariamente de un cierto modo, coronándolo. Es una manera de decir: "Finalmente es de los nuestros". Yo no podía aceptar eso”. Vargas Llosa es uno de esos “nuestros” desde ya hace mucho tiempo, y desde hace mucha náusea política, en verdad.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Cristovam Ricardo Cavalcanti Buarque

Durante un debate en una universidad de Estados Unidos, le preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal y ex- Ministro de Educación de Brasil, Cristovam Ricardo Cavalcanti Buarque, qué pensaba sobre la internacionalización de la Amazonia. Un estadounidense en las Naciones Unidas introdujo su pregunta, diciendo que esperaba la respuesta de un humanista y no de un brasileño.







Ésta fue la respuesta del Sr. Cristóvão Buarque:


Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro.






Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás, que es de suma importancia para la humanidad.






Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser internacionalizada, internacionalicemos también las reservas de petróleo del mundo entero.






El petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de


aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.






De la misma forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o de un país. Quemar la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales.






No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.






También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la internacionalización de los grandes museos del mundo.


El Louvre no debe pertenecer solo a Francia. Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas por el genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio


cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país.






No hace mucho tiempo, un millonario japonés decidió enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro.


Por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido internacionalizado.






Durante este encuentro, las Naciones Unidas están realizando el Foro Del Milenio, pero algunos presidentes de países tuvieron dificultades para participar, debido a situaciones desagradables surgidas en la frontera de los EE.UU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las Naciones Unidas, debe ser internacionalizada. Por lo menos Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad.


De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de Janeiro, Brasilia... cada ciudad, con su belleza específica, su historia del mundo, debería pertenecer al mundo entero.






Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños,internacionalicemos todos los arsenales nucleares. Basta pensar que ellos ya demostraron que son capaces de usar esas armas, provocando una destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil.






En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia de los Estados Unidos han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda.






Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos ellos sin importar el país donde nacieron, como patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero. Mucho más de lo que se merece la Amazonia. Cuando los dirigentes traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían estudiar; que mueran cuando deberían vivir.






Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente nuestra!






OBSERVACIÓN: Este artículo fue publicado en el NEW YORK TIMES, WASHINGTON POST, USA TODAY y en los mayores diarios de EUROPA y JAPÓN.






En BRASIL y el resto de Latinoamérica, este artículo no fue publicado. Ayúdenos a divulgarlo.

domingo, 10 de octubre de 2010

Vamos por partes como Jack

Delicado equilibro el de los nervios
de paseo por el reservorio espiritual
passing com una llum
hasta la química natural

Dentro del mar
fumo porque me place
ella  dice que es mejor ansiolítico que conoce
entrar y salir en libertad

La Amada, nos embragaremos juntas

Primo, primo Levy
donde quiera que ahora mire

sábado, 9 de octubre de 2010

Pueblo Violeta

sábado, 2 de octubre de 2010