martes, 28 de febrero de 2017

Nave Tierra

Las observaciones globales continúan demostrando que la Tierra y sus habitantes están en una situación
precaria. La política, la economía y la religión presentan soluciones superficiales a una población global confundida, desencantada. Los políticos prometen trabajos. Los economistas analizan mercados y juegan con escenarios posibles, mientras que los líderes religiosos realizan ceremonias que tienen poco que ver con el mundo de hoy en día. Mientras tanto la gente está sin trabajo, sin hogar, hambrienta y moribunda, o si resultan afortunados sólo infelices y apáticos.
¿Por qué nuestras vidas (nuestra existencia) dependen tanto de una cosa llamada economía? Hasta las religiones, que se basaban sobre una chispa de inspiración se han convertido en instituciones dogmáticas que funcionan con dinero. El dinosaurio económico que abarca todo es demasiado grande para ser cambiado o influenciado por alguien o algo y ni siquiera se fija en la gente a la que se supone
debe servir. Se come todo lo que encuentra en su camino (incluyendo las almas de los hombres) y deja excremento vil tanto físico como emocional para el planeta y la gente.
Los extras de la vida deben ser el motor de la economía, no las necesidades.
¿Qué son las necesidades? ALBERGUE, ENERGÍA, ALIMENTO, AGUA, AIRE. Estas necesidades no deben estar sujetas a las perversiones del dinosaurio económico. El juego capitalista debe mantenerse en en base a los smartphone, ordenadores de punta, podadoras de césped, secadoras de pelo, secadoras de ropa, etc., las necesidades de vida deberían hacerse fácilmente disponibles para todos, independientemente de la economía. La educación debe apuntar a esto, hasta la religión puede guiarnos hacia una sobrevivencia que trascienda el dinosaurio económico.
Consumimos nuestro tiempo y dinero desarrollando carros más veloces, edificios más altos, mejores TV’s, y así, mientras que la gente está muriéndose de hambre y perdiendo su dignidad en los basureros de nuestras ciudades. El gobierno debería proveer; los ricos podrían proveer; sin embargo,
esto es un sueño. Estas facciones son esclavas del dinosaurio económico.
Debemos invocar por nosotros mismos las necesidades de vida. Debemos tomar lo que está “afuera” y construir nosotros mismos los navíos que proporcionarán las necesidades de vida, albergue,
energía, alimento y agua, la supervivencia más allá de la economía.

CUENTA LA LEYENDA...

Cuenta la leyenda que en aquel pueblo no estaba permitido que nadie se separara ni se divorciara, bajo ningún concepto. Había que preservar, bajo pena de persecución y muerte, la unidad familiar por encima de todo.
De tal manera que, cuando alguien o algo -una palabra, un gesto o un comentario-, amenazaba la unión matrimonial o familiar, el sospechoso, el provocador de una posible desunión, era perseguido, detenido y amordazado. Expuesto al día siguiente en la plaza pública, eran serrados sus miembros uno a uno, ante el entusiasmo general estimulado por los altavoces. Luego, mostrando los miembros sangrantes al público, un grupo de encapuchados, con guantes de goma, cosían con hilo de esparto los pedazos, que aún se estremecían en sus manos.
Una vez cosidos los pedazos, el cuerpo era introducido a golpes en un saco. Los sacos debían ser fabricados con un material transparente, para que se pudiera contemplar el cosido ejemplar, humillante, de los miembros sangrantes.

 Al anochecer, cuando el saco transparente dejara de gotear sangre, el cuerpo reconstruido sería arrojado por un acantilado, entre gritos y ¡vivas! a la unidad familiar de todo un pueblo.
De la historia de ese pueblo, hoy, después de tantos siglos, sólo nos queda esta macabra y triste leyenda.

viernes, 24 de febrero de 2017

aCTUALIZATE




8 de marzo


Libertad de Expresión

La mejor policía del mundo es el Mussad, del estado israelí. Seguida muy de cerca por el G2, de los cubanos. Luego va la venezolana y seguramente después la iraní,tal vez la china,  con todo lo que ello implica.   Todo servicio secreto tiene como función principal el control y represión de la población.  Todas operan, actualmente,  en la República Bolivariana de Venezuela.

Aquí y ahora

 
Dios le dijo a Noé que construyese un arca. La manera exacta en que Dios le dijo a Noé como hacerla queda para el
imaginario. El hecho es que las nubes en el horizonte
fueron reveladas a Noé. Aunque vivía lejos del agua estaba
inspirado en construir una nave. Debe haber experimentado
el ridículo por desperdiciar tiempo, energía y materiales en
ésta nave. La inspiración, sin embargo, es más poderosa
que el ridículo. Noé vio las nubes en el horizonte y la
inundación en camino, así que construyó una nave que flotara en los mares, porque estaba por llegar el tiempo en que no habría tierra.
Hoy no hace falta un profeta para ver las nubes en el
horizonte. Hay muchos signos de la “inundación en camino”.
El abuso general de la tierra por la humanidad está a punto
de dejar nuestra siempre creciente población “inundada” por emergencias de supervivencia, en muchos niveles. Esto
afectará el agua, aire, comida, refugio, energía, etc. Todos lo factores de supervivencia humana, como la conocemos, están inmediatamente amenazados por el rápido deterioro de la condición del planeta Tierra. Los medios de comunicación están llenos de emergencias en relación a océanos, ríos y arroyos contaminados, vida salvaje que se desvanece, pésima calidad de aire, desechos radioactivos, basura, familias sin techo, etc. La situación está escalando y en muchos casos, el daño (en relación a la envergadura de la vida humana) está hecho. No hay conciencia especial disponible sólo para una persona.
Todos nosotros podemos ver las nubes en el horizonte.
centralizada,necesitaba una nave sostenedora de vida que flotase independientemente sin acceso a la tierra, estamos necesitando naves que soporten vida que “floten” independientemente sin acceso a los varios sistemas arcaicos autodestructivos sobre los cuales hemos basado nuestra dependencia. Estos sistemas incluyen sistemas de energía centralizada, que nos dan lluvia ácida, desperdicios radioactivos y tendidos eléctricos que enlazan la tierra como
telas de araña. Tenemos sistemas de calefacción y ventilación para nuestros espacios de vida que dependen totalmente de estos sistemas de energía centralizados. La mayoría de lo hogares hoy serían totalmente disfuncionales en condiciones de confort, agua, baños, electricidad, etc. sin aportes en masa de energía de fuentes centralizadas. También está la comida, otra necesidad básica de la vida, que también es aportada en gran medida desde sistemas de producción centralizados.
La calidad de esta comida es, a lo sumo,
cuestionable, y requiere de sistemas de transporte que
consumen energía para ser distribuidos. Todo esto está
disponible a través del dinero, que en sí mismo es otro
sistema entre nosotros y nuestra sustancia. Debido al hecho
que estos sistemas han evolucionado dentro de cierta
estrechez de visión, han comenzado a alcanzar puntos en los que causan más daño que bien. Están destruyendo
literalmente el planeta al sostener precariamente nuestro
concepto incompleto de vida humana. Nuestra habilidad para evolucionar-más allá de estos sistemas se está volviendo cada vez más necesaria, y tiene un justificativo doble:
1. Si aprendemos a vivir sin estos sistemas, podríamos
retrasar la destrucción del planeta y, posiblemente,
revertir ciertos aspectos del deterioro.
2. Si es demasiado tarde, necesitaremos, en el futuro
cercano, unidades de vida que nos sostengan mediante
el contacto directo con fenómenos naturales
existentes.
Necesitamos evolucionar unidades de vida auto-suficiente
que sean sus propios sistemas. Estas unidades deben
energizarse a sí mismas, calentarse y enfriarse a sí
mismas, generar comida y tratar con su propio
desperdicio. El concepto actual de hogar, en general,
apoyado por sistemas centralizados masivos, ya no es
apropiado, seguro, o confiable. Estamos necesitando
NavesTierra, Navesindependientes para navegar en los
mares del mañana.

¿Quién se beneficia con el actual desorden gubernamental?


Por: Jorge Giordani
Primero que todos, la oposición política venezolana esa que muestra con toda su intensidad volver al pasado de la Cuarta República, o peor aún entregar el país a los intereses extranjeros, con un condimento particular que es el de aplicar las políticas neoliberales que ya tuvieron su efecto a finales del siglo pasado, particularmente en las décadas de los ochenta y los noventa. Privatizarían hasta su propia familia si fuese necesario, bajo un régimen autoritario de corte fascistoide, como el que expresan bajo la manga de una supuesta democratización. Para la oposición y su política nacional, su mejor aliado lo tienen en los desatinos del actual gobierno, y mientras más tiempo dure en su ejercicio, más fácil le resultará ganar unas elecciones, dado que el costo político ahora lo continuará pagando el gobierno, luego lo tendrá que asumir el pueblo, por si no bastan los ejemplos lamentables de lo que está ocurriendo en Argentina y en Brasil con los gobiernos de Macri y la impostura de Temer y sus corruptos aliados.
En segundo lugar, los que se benefician son los sectores de la burguesía ligados al comercio, y el sector financiero, quienes buscan extraer la mayor cantidad de renta posible, como lo hicieron antes de la llegada del gobierno bolivariano en 1999.
Un tercer sector beneficiado, que de paso quiebra con lo que se pretendía durante el gobierno del Comandante Chávez, la llamada unión cívico militar, lo que ha venido a convertirse en la ocupación por parte de dicho estamento militar en los cargos de la Administración Pública, dejando de lado lo que son sus verdaderas funciones de seguridad y defensa del país. Con ello, la Fuerza Armada terminará pagando un alto costo político a medida que pase el tiempo, y este gobierno cese en sus funciones en las próximas elecciones, cuando ellas se realicen, dado que no es eterno, ni el pueblo venezolano estará en condiciones de brindarle su apoyo.
Un cuarto beneficiado del desorden gubernamental actual, son las empresas transnacionales que continúan haciendo su agosto, para ello es suficiente mirar lo que ocurre en el exabrupto cometido por el gobierno, en el denominado ¨Arco Minero del Orinoco¨.
Un quinto beneficiario, lo será el gobierno norteamericano junto a sus aliados en el exterior de Europa, y de América Latina, quienes someterán al próximo gobierno conservador en Venezuela, en caso de darse esa situación explosiva, al gozar de todas las prebendas y privilegios que puedan disfrutar desde la sumisión geopolítica, hasta el disfrute de condiciones privilegiadas en sus intenciones de tener no aliados políticos, sino serviles consumidores de su ¨modo de vida¨.
A todas estas el gran perdedor será la mayoría del pueblo venezolano, el cual se encuentra en una situación cada vez más comprometida en su nivel de vida, y ahora acorralado por las últimas medidas de corte autoritario que emana del propio gobierno en su desesperación al no poder resolver los problemas socioeconómicos internos, y el aplicar mecanismos cada vez más evidentes de coacción a quienes se atreven a cuestionar su incapacidad por resolver dichas situaciones que se agravan con el pasar del tiempo.
Como lo llegó a afirmar John K. Galbraith ¨para saber lo que se oculta detrás de toda iniciativa (o falta de iniciativa) es conveniente averiguar quién se beneficia con este desorden¨, cada quién que saque sus propias cuentas y que no venga a decir mañana que lo engañaron…

Espíritu de cuerpo


Ciento uno


Lyan cuenta que les echaba batatas en la arena, pero al verlas sucias de tierra y barro, los animales no se las comían. Al cabo de un tiempo, a una mona joven se le ocurrió la idea de lavar las batatas en el agua del mar antes de comerlas; luego enseñó a los demás monos jóvenes a hacer lo mismo. Los monos mayores no aprendieron a hacerlo, excepto aquellos que tenían hijos jóvenes, quienes enseñaron el truco a sus padres. Poco a poco, más y más monos fueron aprendiendo el nuevo comportamiento, y un buen día, y súbitamente, toda la colonia estaba lavando las batatas. Pero lo más sorprendente fue que a partir de ese día, los monos de otras islas, sin contacto con los anteriores, también habían aprendido a lavar las batatas, incluso los monos deTakasakiyama, en pleno territorio de Japón. Lyan consideró que cuando el mono número X aprendió el procedimiento, se completó la Masa Crítica, es decir, el número de monos necesario para que toda la especie adquiera de pronto el nuevo conocimiento o la nueva conducta.

Sólo por hoy amor, hágase tu voluntad


La Patria Buena

 Hacen falta muchos golpes
para matar al chiripero
y con uno solamente
se mata la cucaracha

apréndete la guaracha
y lucha por la unidad
que toda la gente va
con la esperanza en la mano

buscando darle a la Patria
caminos de dignidad
buscando darle a la Patria
caminos de dignidad

dale que el camino es largo
pero lo acorta el poeta
cuando se acerca al labriego
y surcan juntos la tierra

y aunque la estrella sea grande
siempre se mira pequeña
y es de todos la tarea
de hacer una patria buena

buena pa´ que vivan todos
con bienestar y sin quejas
buena pa´que la miseria
se aleje de Venezuela

buena para que los ríos
no los seque la candela

Hacen falta muchos golpes
para matar al chiripero
y con uno solamente
se mata la cucaracha

apréndete la guaracha
y lucha por la unidad
que toda la gente va
con la esperanza en la mano

buscando darle a la Patria
caminos de dignidad
buscando darle a la Patria
caminos de dignidad

Vamos que el camino es largo
pero lo acorta el obrero
cuando se acerca a la mar
y abraza al marinero

y al acercarse el lucero
a la vera de la Luna
el cantor con su cantar
va venciendo la amargura

y dice que es tiempo ya
de que el pueblo gane una
y dice que es tiempo ya
de que el pueblo gane una

Vamos que el camino es largo
pero lo acorta el empeño
que le pone el pescador
cuando va moviendo el remo

y recuerda la verdad
que a su alma maravilla

a Dios rogando pero remando
hasta llegar a la orilla
a Dios rogando pero remando
hasta llegar a la orilla

Hacen falta muchos golpes
para matar al chiripero
y con uno solamente
se mata la cucaracha

apréndete la guaracha
y lucha por la unidad
que toda la gente va
con la esperanza en la mano

buscando darle a la Patria
caminos de dignidad
buscando darle a la Patria
caminos de dignidad

se oye el estudiante alegre
convidar al artesano
para cortar por lo sano
y hacer una patria buena

unida en un calorcito
que mate su escalofrío
porque causa pena amigo
que pase un cuarto de siglo
y deje un cuarto vacío
que pase un cuarto de siglo
y deje un cuarto vacío

Hacen falta muchos golpes
para matar al chiripero
y con uno solamente
se mata la cucaracha

apréndete la guaracha
y lucha por la unidad
que toda la gente va
con la esperanza en la mano

buscando darle a la Patria
caminos de dignidad
buscando darle a la Patria
caminos de dignidad

Canción Ali Primera

OTRA VEZ, otra vez

'Tan 'rompía' las alpargatas
otra vez, otra vez
pata en el suelo otra vez
otra vez, otra vez
eje, eje, otra vez
eje, eje, otra vez
eje, eje, otra vez
eje, eje, otra veeeeeeeez

El hijo de mi 'comai'
otra vez, otra vez
se lo llevan pa'l cuartel
otra vez, otra vez
y el hijo 'el el amo 'e la hacienda
fue pa' New York otra vez
otra vez,
eje, eje, otra vez
eje, eje, otra vez
eje, eje, otra veeeeeeeez

Se acercan las elecciones
otra vez, otra vez
si gana la misma gente
'tamos jodío otra vez
otra vez, otra vez
eje, eje, otra vez
eje, eje, otra vez
eje, eje, otra vez
eje, eje, otra veeeeeeeez 


CanciOn Ali Primera

De nuestros huesos

Que se está secando el pozo
Discuten en el cogreso
Pero el pobre forma ahora
Parte activa en el progreso
Ahora sacarán petróleo
Derivado de sus huesos

Pa'allá, pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná
Pa'allá, pa'allá es que va,
Pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná

El gobierno ha prometido
Acabar con la pobreza
¡de brio! si el pobre muere
Es fácil cumplir la meta
Pa' encumbrarse ahora los ricos
No hacen ninugna proeza
Pa' eso tienen sus partidos
Y también su presidencia

Pa'allá, pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná
Pa'allá, pa'allá es que va,
Pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná


El pueblo se ha conseguido
Un gobierno a su medida
Porque ahora hay presupuesto
Decretan pocetas limpias
¡por supuesto! cuando suben la comida
Todas las pocetas brillan

Pa'allá, pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná
Pa'allá, pa'allá es que va,
Pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná

Si una piedra raya otra
Contésteme, no se vaya
¿cuál de las dos es más dura,
La que se deja rayar o la que deja la raya?

Pa'allá, pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná
Pa'allá, pa'allá es que va,
Pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná


Porque a mi me lo contaron
Creo que es mejor que no divulguen esto
Pero a coro le trajeron
Camellos para el progreso
Dicen que con chivos los van a cruzar
Para bolas criollas poder fabricar
¡que bolas tan criollas para gobernar!

Pa'allá, pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná
Pa'allá, pa'allá es que va,
Pa'allá es que va
Pero pa'acá no queda ná

canciOn de Ali Primera


miércoles, 22 de febrero de 2017

“La lengua de las mariposas”

"¿Qué hay , Gorrión? Espero que este año podamos ver por fin la lengua de las
mariposas".
El maestro aguardaba desde hacía tiempo que le enviaran un microscopio a los de la instrucción pública. Tanto nos hablaba de como se agrandaban las cosas
menudas e invisibles por aquel aparato que los niños llegábamos a verlas de
verdad, como si sus palabras entusiastas tuvieran un efecto de poderosas lentes.
"La lengua de la mariposa es una trompa enroscada como un resorte de reloj. Si
hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar.
Cando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar ¿a que sienten ya el dulce en la boca como si la yema fuera la punta de la lengua? Pues así es la lengua de lamariposa".Y entonces todos teníamos envidia de las mariposas. Que maravilla. Ir por el m undo volando, con esos trajes de fiesta, y parar en flores como tabernas con barriles llenos de jarabe.
Yo quería mucho a aquel maestro. Al principio, mis padres no podían creerlo.
Quiero decir que no podían entender como yo quería a mi maestro. Cuando era un
"picarito", la escuela era una amenaza terrible. Una palabra que cimbraba en el
aire como una vara de mimbre.
"¡Ya verás cuando vayas a la escuela!"
Dos de mis tíos, como muchos otros mozos, emigraron a América por no ir de
quintos a la guerra de Marruecos. Pues bien, yo también soñaba con ir a América
sólo por no ir a la escuela. De hecho, había historias de niños que huían al monte
para evitar aquel suplicio. Aparecían a los dos o tres días, ateridos y sin habla,
como desertores de la Barranco del Lobo. Yo iba para seis años y me llamaban
todos Gorrión. Otros niños de mi edad ya trabajaban. Pero mi padre era sastre y no
tenía tierras ni ganado.
Prefería verme lejos y no enredando en el pequeño taller de costura. Así pasaba
gran parte del día correteando por la Alameda, y fue Cordeiro, el recolector de
basura y hojas secas, el que me puso el apodo. "Pareces un gorrión".
Creo que nunca corrí tanto como aquel verano anterior al ingreso en la escuela.
Corría como un loco y a veces sobrepasaba el límite de la Alameda y seguía lejos,
con la mirada puesta en la cima del monte Sinaí, con la ilusión de que algún díame saldrían alas y podría llegar a Buenos Aires. Pero jamás sobrepasé aquella
montaña mágica.
"¡Ya verás cuando vayas a la escuela!"
Mi padre contaba como un tormento, como si le arrancara las amígdalas con la
mano, la manera en que el maestro les arrancaba la jeada del habla para que no
dijeran ajua nin jato ni jracias. "Todas las mañanas teníamos que decir la frase 'Los
pájaros de Guadalajara tienen la garganta llena de trigo'. ¡Muchos palos
llevábamos por culpa de Juadalagara!" Si de verdad quería meterme miedo, lo
consiguió. La noche de la víspera no dormí. Encogido en la cama, escuchaba el
reloj de la pared en la sala con la angustia de un condenado. El día llegó con una
claridad de mandil de carnicero. No mentiría si le dijera a mis padres que estaba
enfermo.
El miedo, como un ratón, me roía por dentro.
Y me meé. No me meé en la cama sino en la escuela.
Lo recuerdo muy bien. Pasaron tantos años y todavía siento una humedad cálida y
vergonzosa escurriendo por las piernas. Estaba sentado en el último pupitre, medio
escondido con la esperanza de que nadie se percatara de mi existencia, hasta poder
salir y echar a volar por la Alameda.
"A ver, usted, ¡póngase de pie!"
El destino siempre avisa. Levanté los ojos y vi con espanto que la orden iba para
mi. Aquel maestro feo como un bicho me señalaba con la regla. Era pequeña, de
madera, pero a mi me pareció la lanza de Abd el-Krim.
"¿Cuál es su nombre?"
"Gorrión."
Todos los niños rieron a carcajadas. Sentí como si me batieran con latas en las
orejas.
"¿Gorrión?"
No recordaba nada. Ni mi nombre. Todo lo que yo había sido hasta entonces había desaparecido de mi cabeza. Mis padres eran dos figuras borrosas que se
desvanecían en la memoria. Miré cara al ventanal, buscando con angustia los
árboles de la alameda.Y fue entonces cuando me meé.
Cuando se dieron cuenta los otros rapaces, las carcajadas aumentaron y resonaban
como trallazos.
Huí. Eché a correr como un loquito con alas. Corría, corría como solo se corre en
sueños y viene tras de uno el Sacaúnto. Yo estaba convencido de que eso era lo
que hacía el maestro. Venir tras de mi. Podía sentir su aliento en el cuello y el de
todos los niños, como jauría de perros a la caza de un zorro. Pero cuando llegué a
la altura del palco de la música y miré cara atrás, vi que nadie me había seguido,
que estaba solo con mi miedo, empapado de sudor y de meos. El palco estaba
vacío. Nadie parecía reparar en mi, pero yo tenía la sensación de que toda la villa
estaba disimulando, que docenas de ojos censuradores acechaban en las ventanas,
y que las lenguas murmuradoras no tardarían en llevarle la noticia a mis padres.
Las piernas decidieron por mi. Caminaron hacia al Sinaí con una determinación
desconocida hasta entonces. Esta vez llegaría hasta A Coruña y embarcaría de
polisón en uno de esos navíos que llevan a Buenos Aires.
Desde la cima del Sinaí no se veía el mar sino otro monte más grande todavía, con
peñascos recortados como torres de una fortaleza inaccesible. Ahora recuerdo con
una mezcla de asombro y nostalgia lo que tuve que hacer aquel día. Yo sólo, en la cima, sentado en silla de piedra, bajo las estrellas, mientras en el valle se movían como luciérnagas los que con candil andaban en mi búsqueda. Mi nombre cruzaba la noche cabalgando sobre los aullidos de los perros. No estaba sorprendido. Era como si atravesara la línea del miedo. Por eso no lloré ni me resistí cuando llegó donde mi la sombra regia de Cordeiro. Me envolvió con su chaquetón y me abrazó en su pecho. "Tranquilo Gorrión, ya pasó todo."
Dormí como un santo aquella noche, pegadito a mamá. Nadie me reprendió. Mi
padre se había quedado en la cocina, fumando en silencio, con los codos sobre elmantel de hule, las colillas amontonadas en el cenicero de concha de vieira, tal
 como pasara cuando había muerto la abuela.
Tenía la sensación de que mi madre no me había soltado de la mano en toda la
noche.
Así me llevó, agarrado como quien lleva un serón en mi vuelta a la escuela. Y en
esta ocasión, con corazón sereno, pude fijarme por vez primera en el maestro.
Tenía la cara de un sapo.
El sapo sonreía. Me pellizcó la mejilla con cariño. "¡Me gusta ese nombre,
Gorrión!". Y aquel pellizco me hirió como un dulce de café. Pero lo más increíblefue cuando, en el medio de un silencio absoluto, me llevó de la mano cara a su
mesa y me sentó en su silla. Y permaneció de pie, agarró un libro y dijo:
"Tenemos un nuevo compañero. Es una alegría para todos y vamos a recibirlo con
un aplauso". Pensé que me iba a mear de nuevo por los pantalones, pero sólo noté
una humedad en los ojos. "Bien, y ahora, vamos a comenzar con un poema. ¿A
quien le toca? ¿Romualdo? Ven, Romualdo, acércate. Ya sabes, despacito y en voz
bien alta".
A Romualdo los pantalones cortos le quedaban ridículos. Tenía las piernas muy
largas y oscuras, con las rodillas llenas de heridas.
Una tarde parda y fría...
"Un momento, Romualdo, ¿qué es lo que vas a leer?"
"Una poesía, señor".
"¿Y cómo se titula?"
"Recuerdo infantil. Su autor es don Antonio Machado".
"Muy bien, Romualdo, adelante. Despacito y en voz alta. Repara en la
puntuación."
El llamado Romualdo, a quien yo conocía de acarrear sacos de piñas como niño
que era de Altamira, carraspeó como un viejo fumador de picadura y leyó con una
voz increíble, espléndida, que parecía salida de la radio de Manolo Suárez, el
indiano de Montevideo.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una marcha carmín...
"Muy bien. ¿Qué significa monotonía de lluvia, Romualdo?" preguntó el maestro.
"Que llueve después de llover, don Gregorio"."¿Rezaste?", preguntó mamá, mientras pasaba la plancha por la ropa que papá
cosiera durante el día. En la cocina, la olla de la cena despedía un aroma amargo
de nabiza.
"Pues si", dije yo no muy seguro. "Una cosa que hablaba de Caín y Abel".
"Eso está bien", dijo mamá. "Non se por que dicen que ese nuevo maestro es un
ateo".
"¿Qué es un ateo?"
"Alguien que dice que Dios no existe". Mamá hizo un gesto de desagrado y pasó
la plancha con energía por las arrugas de un pantalón.
"¿Papá es un ateo?"
Mamá posó la plancha y me miró fijo.
"¿Cómo va a ser papá un ateo? ¿Cómo se te ocurre preguntar esa pavada?"
Yo había escuchado muchas veces a mi padre blasfemar contra Dios. Lo hacían
todos los hombres. Cuando algo iba mal, escupían en el suelo y decían esa cosa
tremenda contra Dios.
Decían dos cosas: Cajo en Dios, cajo en el Demonio. Me parecía que sólo las
mujeres creían de verdad en Dios.
"¿Y el Demonio? ¿Existe el Demonio?"
"¡Por supuesto!"
El hervor hacía bailar la tapa de la olla. De aquella boca mutante salían vaharadas de vapor e gargajos de espuma y berza. Una abeja revoloteaba en el techo alrededor de la lámpara eléctrica que colgaba de un cable trenzado. Mamá estaba enfurruñada como cada vez que tenía que planchar. Su cara se tensaba cuando marcaba la raya de las perneras. Pero ahora hablaba en un tono suave y algo triste, como si se refiriera a un desvalido.
"El Demonio era un ángel, pero se hizo malo".
La abeja batió contra la lámpara, que osciló ligeramente y desordenó las sombras."El maestro dijo hoy que las mariposas también tienen lengua, una lengua finita y
muy larga, que llevan enrollada como el resorte de un reloj. Nos la va a enseñar
con un aparato que le tienen que mandar de Madrid. ¿A que parece mentira eso de
que las mariposas tengan lengua?"
"Si él lo dice, es cierto. Hay muchas cosas que parecen mentira y son verdad. ¿Te
gusta la escuela?"
"Mucho. Y no pega. El maestro no pega".
No, el maestro don Gregorio no pegaba. Por lo contrario, casi siempre sonreía con
su cara de sapo. Cuando dos peleaban en el recreo, los llamaba, " parecen
carneros", y hacía que se dieran la mano.
Luego, los sentaba en el mismo pupitre. Así fue como hice mi mejor amigo,
Dombodán, grande, bondadoso y torpe. Había otro rapaz, Eladio, que tenía un
lunar en la mejilla, en el que golpearía con gusto, pero nunca lo hice por miedo a
que el maestro me mandara darle la mano y que me cambiara junto a Dombodán.
El modo que tenía don Gregorio de mostrar un gran enfado era el silencio.
"Si ustedes no se callan, tendré que callar yo".
Y iba cara al ventanal, con la mirada ausente, perdida en el Sinaí. Era un silencio
prolongado, desasosegante, como si nos dejara abandonados en un extraño país.
Sentí pronto que el silencio del maestro era el peor castigo imaginable. Porque
todo lo que tocaba era un cuento atrapante. El cuento podía comenzar con una hoja
de papel, después de pasar por el Amazonas y el sístole y diástole del corazón.
Todo se enhebraba, todo tenía sentido. La hierba, la oveja, la lana, mi frío. Cuando
el maestro se dirigía al mapamundi, nos quedábamos atentos como si se iluminara
la pantalla del cine Rex. Sentíamos el miedo de los indios cuando escucharon por
vez primera el relincho de los caballos y el estampido del arcabuz. Íbamos a lomo
de los elefantes de Aníbal de Cartago por las nieves de los Alpes, camino de
Roma. Luchamos con palos y piedras en Ponte Sampaio contra las tropas de
Napoleón. Pero no todo eran guerras.
Hacíamos hoces y rejas de arado en las herrerías del Incio. Escribimos cancioneros de amor en Provenza y en el mar de Vigo. Construimos el Pórtico da Gloria.
Plantamos las patatas que vinieron de América. Y a América emigramos cuando
vino la peste de la patata.
"Las patatas vinieron de América", le dije a mi madre en el almuerzo, cuando dejó el plato delante mío."¡Que iban a venir de América! Siempre hubo patatas", sentenció ella.
"No. Antes se comían castañas. Y también vino de América el maíz". Era la
primera vez que tenía clara la sensación de que, gracias al maestro, sabía cosas
importantes de nuestro mundo que ellos, los padres, desconocían.
Pero los momentos más fascinantes de la escuela eran cuando el maestro hablaba de los bichos. Las arañas de agua inventaban el submarino. Las hormigas cuidaban de un ganado que daba leche con azúcar y cultivaban hongos. Había un pájaro en Australia que pintaba de colores su nido con una especie de óleo que fabricaba con pigmentos vegetales. Nunca me olvidaré. Se llamaba tilonorrinco. El macho ponía una orquídea en el nuevo nido para atraer a la hembra.
Tal era mi interés que me convertí en el suministrador de bichos de don Gregorio y él me acogió como el mejor discípulo. Había sábados y feriados que pasaba por mi casa y íbamos juntos de excursión. Recorríamos las orillas del rio, las gándaras , el bosque, y subíamos al monte Sinaí. Cada viaje de esos era para mi como una ruta del descubrimiento. Volvíamos siempre con un tesoro. Una mantis. Una libélula. Un escornabois (*). Y una mariposa distinta cada vez, aunque yo solo recuerde el nombre de una es la que el maestro llamó Iris, y que brillaba hermosísima posada en el barro o en el estiércol.
De regreso, cantábamos por las corredoiras como dos viejos compañeros. Los
lunes, en la escuela, el maestro decía: "Y ahora vamos a hablar de los bichos de
Gorrión".
Para mis padres, esas atenciones del maestro eran una honra. Aquellos días de
excursión, mi madre preparaba la merienda para los dos. "No hacía falta, señora, yo ya voy comido", insistía don Gregorio. Pero a la vuelta, decía: "Gracias, señora, exquisita la merienda".
"Estoy segura de que pasa necesidades", decía mi madre por la noche.
"Los maestros no ganan lo que tienen que ganar", sentenciaba, con sentida
solemnidad, mi padre. "Ellos son las luces de la República".
"¡La República, la República! ¡Ya veremos donde va a parar la República!"
Mi padre era republicano. Mi madre, no. Quiero decir que mi madre era de misa
diaria y los republicanos aparecían como enemigos de la Iglesia.
Procuraban no discutir cuando yo estaba delante, pero muchas veces los
sorprendía."¿Qué tienes tu contra Azaña? Esa es cosa del cura, que te anda calentando la cabeza".
"Yo a misa voy a rezar", decía mi madre.
"Tu, si, pero el cura no".
Un día que don Gregorio vino a recogerme para ir a buscar mariposas, mi padre le dijo que, si no tenía inconveniente, le gustaría "tomarle las medidas para un traje".
El maestro miró alrededor con desconcierto.
"Es mi oficio", dijo mi padre con una sonrisa.
"Respeto muchos los oficios", dijo por fin el maestro.
Don Gregorio llevó puesto aquel traje durante un año y lo llevaba también aquel
día de julio de 1936 cuando se cruzó conmigo en la alameda, camino del
ayuntamiento.
"¿Qué hay, Gorrión? A ver si este año podemos verles por fin la lengua a las
mariposas".
Algo extraño estaba por suceder. Todo el mundo parecía tener prisa, pero no se
movía. Los que miraban para la derecha, viraban cara a la izquierda. Cordeiro, el
recolector de basura y hojas secas, estaba sentado en un banco, cerca del palco de
la música. Yo nunca viera sentado en un banco a Cordeiro. Miró cara para arriba,
con la mano de visera. Cuando Cordeiro miraba así y callaban los pájaros era que
venía una tormenta.
Sentí el estruendo de una moto solitaria. Era un guarda con una bandera sujeta en
el asiento de atrás. Pasó delante del ayuntamiento y miró cara a los hombres que
conversaban inquietos en el porche. Gritó: "¡Arriba España!" Y arrancó de nuevo
la moto dejando atrás una estela de estallidos.
Las madres comenzaron a llamar por los niños. En la casa, parecía haber muerto otra vez la abuela. Mi padre amontonaba colillas en el cenicero y mi madre lloraba y hacía cosas sin sentido, como abrir el grifo del agua y lavar los platos limpios y guardar los sucios.
Llamaron a la puerta y mis padres miraron el picaporte con desasosiego. Era
Amelia, la vecina, que trabajaba en la casa de Suárez, el indiano."¿Saben lo que está pasando? En la Coruña los militares declararon el estado de
guerra. Están disparando contra el Gobierno Civil".
"¡Santo cielo!", se persignó mi madre.
"Y aquí", continuó Amelia en voz baja, como si las paredes oyeran, "Se dice que
el alcalde llamó al capitán de carabineros pero que este mandó decir que estaba
enfermo.”
Al día siguiente no me dejaron salir a la calle. Yo miraba por la ventana y todos
los que pasaban me parecían sombras encogidas, como si de pronto cayera el
invierno y el viento arrastrara a los gorriones de la Alameda como hojas secas.
Llegaron tropas de la capital y ocuparon el ayuntamiento. Mamá salió para ir a la
misa y volvió pálida y triste, como si se hiciera vieja en media hora.
"Están pasando cosas terribles, Ramón", oí que le decía, entre sollozos, a mi padre.
También él había envejecido. Peor todavía. Parecía que había perdido toda
voluntad.
Se arrellanó en un sillón y no se movía. No hablaba. No quería comer.
"Hay que quemar las cosas que te comprometan, Ramón. Los periódicos, los
libros. Todo."
Fue mi madre la que tomó la iniciativa aquellos días. Una mañana hizo que mi
padre se arreglara bien y lo llevó con ella a la misa. Cuando volvieron, me dijo:
"Ven, Moncho, vas a venir con nosotros a la alameda".
Me trajo la ropa de fiesta y, mientras me ayudaba a anudar la corbata, me dijo en
voz muy grave:"Recuerda esto, Moncho. Papá no era republicano. Papá no era
amigo del alcalde. Papá no hablaba mal de los curas. Y otra cosa muy importante,
Moncho. Papá no le regaló un traje al maestro".
"Si que lo regaló".
"No, Moncho. No lo regaló. ¿Entendiste bien? ¡No lo regalo!"
Había mucha gente en la Alameda, toda con ropa de domingo. Bajaran también
algunos grupos de las aldeas, mujeres enlutadas, paisanos viejos de chaleco y
sombrero, niños con aire asustado, precedidos por algunos hombres con camisa
azul y pistola en el cinto. Dos filas de soldados abrían un corredor desde laescalinata del ayuntamiento hasta unos camiones con remolque entoldado, como los que se usaban para transportar el ganado en la feria grande.
Pero en la alameda no había el alboroto de las ferias sino un silencio grave, de
Semana Santa. La gente no se saludaba. Ni siquiera parecían reconocerse los unos a los otros. Toda la atención estaba puesta en la fachada del ayuntamiento.
Un guardia entreabrió la puerta y recorrió el gentío con la mirada. Luego abrió del todo e hizo un gesto con el brazo. De la boca oscura del edificio, escoltados por otros guardas, salieron los detenidos, iban atados de manos y pies, en silente cordada. De algunos no sabía el nombre, pero conocía todos aquellos rostros. El alcalde, el de los sindicatos, el bibliotecario del ateneo Resplandor Obrero, Charli, el vocalista de la orquesta Sol y Vida, el cantero q quien llamaban Hércules, padre de Dombodán... Y al cabo de la cordada, jorobado y feo como un sapo, el maestro.
Se escucharon algunas órdenes y gritos aislados que resonaron en la Alameda
como petardos. Poco a poco, de la multitud fue saliendo un ruge-ruge que acabó
imitando aquellos apodos.
"¡Traidores! ¡Criminales! ¡Rojos!"
"Grita tu también, Ramón, por lo que más quieras, ¡grita!". Mi madre llevaba
agarrado del brazo a papá, como si lo sujetara con toda su fuerza para que no
desfalleciera. "¡Que vean que gritas, Ramón, que vean que gritas!"
Y entonces oí como mi padre decía "¡Traidores" con un hilo de voz. Y luego, cada
vez más fuerte, "¡Criminales! ¡Rojos!" Saltó del brazo a mi madre y se acercó más
a la fila de los soldados, con la mirada enfurecida cara al maestro. "¡Asesino!
¡Anarquista! ¡Comeniños!"
Ahora mamá trataba de retenerlo y le tiró de la chaqueta discretamente. Pero él
estaba fuera de sí. "¡Cabrón! ¡Hijo de mala madre¡ Nunca le había escuchado
llamar eso a nadie, ni siquiera al árbitro en el campo de fútbol. "Su madre no tiene la culpa, ¿eh, Moncho?, recuerda eso". Pero ahora se volvía cara a mi enloquecido y me empujaba con la mirada, los ojos llenos de lágrimas y sangre. "¡Grítale tu también, Monchiño, grítale tu también!"
Cuando los camiones arrancaron cargados de presos, yo fui uno de los niños que corrían detrás lanzando piedras. Buscaba con desesperación el rostro del maestro para llamarle traidor y criminal. Pero el convoi era ya una nube de polvo a lo lejos y yo, en el medio de la alameda, con los puños cerrados, sólo fui capaz de murmurar con rabia: "¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!"

Manuel Rivas

lunes, 20 de febrero de 2017

Seguroooo


viernes, 17 de febrero de 2017

Celebremos la Vida

   No más transgénicos, pesticidas y destrucción del medio ambiente. 
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