viernes, 27 de agosto de 2010

Indicadores culturales

En este instante de la noche, cae un torrencial aguacero en la gran Valencia. Como es ya una costumbre casi endógena. Escribo algunas cosas. Sin pretender ser poeta, ensayista o escritora en su máxima expresión. Para ello, es como nos decía el profesor Freddy Armas, el pintor, debe pintar, todos los días, así se construye el oficio de pintor. Igual para la escritura, y cualquier otra profesión, modalidad o disciplina.

La escritura de hoy, más que un ejercicio de escritura, es una necesidad de expresar y reflexionar sobre algunos acontecimientos sociopolíticos y culturales acaecidos en la ciudad en los últimos días.

Es el caso de la visita a Valencia, de Farruco Sesto Novas, anterior y nuevamente Ministro de Cultura, de nuestro país. Un torrencial de inquietudes me dejo esta visita. La convocatoria desde el Gabinete, era para artistas y cultores a un encuentro con él. Lugar del encuentro. Teatro Municipal de Valencia, 2pm. Día en que iniciaba la campaña electoral para el 26S. Pudiera ser esta una de las razones de la escasa asistencia de artistas y cultores de nuestro estado. Otra, cualquier otra. Estaban los de siempre. El discurso también era el de siempre. Sentado él, oyendo. Sin embargo el asombro era mayor.

Mi única pregunta al Ministro, ya fuera de agenda y finalizado el acto ¿Ministro, que ha pasado con la Unidad de Indicadores Culturales? Ah si!…responde el, ya vamos por el quinto…! ¿?. Esta pregunta la hacía por varias razones. Participe en la construcción del Primer Taller de Indicadores Culturales. Bajo el convenio Cuba-Venezuela. Sistema novedoso en nuestro país, ya que solo medimos la economía, estadísticas de salud, empleo, inflación, deflación, y cuanto somos, el último censo data del 2001, son las estadísticas de referencias que tiene el INE. Próximamente arranca el XIV Censo Nacional.

No medimos la cultura, porque es un hecho subjetivo., para muchos no medible. Sin embargo este método de Indicadores Culturales, se aproxima. No me refiero, solamente a cuantos eventos, actos, talleres, programas, proyectos, planes, financiamientos, viajes, becas, se han contabilizado en lo que va de 11 años de gobierno bolivariano. Que por justicia y no ser mezquinos, reconocer los logros. Me refiero al saldo cualitativo cultural de nuestro país. De este porcentaje de activadores y trabajadores del arte dentro de los aproximadamente 30 millones de habitantes. Aún no tenemos una cifra en la torta porcentual, de cuantos somos los cultores, artistas y agrupaciones culturales de nuestro estado. Le comentaba en una oportunidad a un amigo, irreverente él, sobre los Indicadores Culturales, y lo supremamente importante que es este Indicador. Decía él, claro, ¿Cómo hacemos para medir la sonrisa de los niños, niñas y jóvenes?. Esta demás decir que este proyecto no se desarrollo en Carabobo, había la prioridad de lo cuantitativo. No hubo recursos para ello.

Muchos en la sala preguntaban sobre la ausencia del Maestro Viscaya, en este encuentro de artistas y cultores. El, como Director de Cultura de la Alcaldía Valenciana, así como otros Directores de Cultura de otras Alcaldías Bolivarianas y el Gabinete, tuvieron su encuentro privado. Lo vi por la TV. Explicaba la reportera de DAT TV, sobre la Explosión Cultural Bicentenaria y otros puntos de la visita del Ministro.

Quizás, deseaban muchos aquellas irreverencias de un Vizcaya o una Alix Santana, que dijeran “sin pepitas en la lengua” lo que siempre se ha dicho. Las peticiones justas. Menos discurso más acción. En la medida de lo posible. En este Carabobo, que se las trae bicentenaria e históricamente.

Retomando el hilo sobre los Indicadores Culturales y su aplicación no aplicada y poco conocida o democratizada en Carabobo, quizás igual en el resto del país. Hay una pregunta que me hacía, al escuchar los derecho de palabras: las divagaciones, salvando algunas presentaciones, los repetitivos Yoismos, Yo soy esto, Yo le presento mi proyecto, en nombre del colectivo cual, Yo soy el vocero de este, más el otro, mas aquella agrupación, y le pedimos que nos ayude en, o con…. Las intervenciones de algunos artistas y cultores, fueron pobres en su contenido. Como por ejemplo pedirle, que la casa abandonada que esta en la calle aquella, que queremos tomarla para esto, que no es de nadie, le pedimos que nos ayude ministro….Petición valida y necesaria para un sinnúmero de agrupaciones colectivas, que andan en lo mismo. Pero, ¿Que le importa al ministro esa particularidad, ¿creen que va a venir a resolver esta situación?, cuando aún no se vislumbra solución al caso emblemático y de bandera y ataque político, que va para tres años, como es el de los trabajadores y sede del Ateneo de Valencia? ¿Ha habido un saldo de transformación de conciencia social y cultural en los artistas y cultores de Carabobo, en estos últimos años? ¿Hemos dejado de depender de la Teta del Estado, o de la gota de petróleo? ¿Ha cumplido su rol, el Mppp Cultura en democratizar y masificar la política cultural y darle coherencia , continuidad y seguimiento a planes, programas y proyectos, para lograr esta transformación de conciencia, ante esta interminable pedidera y necesidades, cual banco de la cultura? ¿Cuál es la política Cultural del Estado, de la Región, del Municipio? Cuando hoy Farruco viene a decir que ya el Mppp Cultura no es un cajero automático, que no hay recursos para financiamientos de todos los proyectos y propuestas de cultores y artistas?. Que somos 30 millones de habitantes, y que el presupuesto, en lo cultural, no alcanza para distribuirse entre todos. Que ese ya no es el discurso. Que el discurso es la economía socialista, la autogestión, la creatividad para generar recursos para el sector cultura. ¿Y donde esta la política de formación a los cultores, artistas para gerenciar la cultura socialista y ser gerentes más productivos en su profesión cultural?. ¿Dónde esta la integración articulada con los comité de cultura de los Consejos Comunales, que reciben recursos, cuales son sus planes de desarrollo cultural comunitario, hay allí algún Licenciado en Educación, mención Desarrollo Cultural, están allí involucrados los artistas, cultores? Donde esta la articulación de ministerios para el desarrollo integral de la cultura? La estructura burocrática nos enseño o hizo creer, que el Mppp Cultura, otros entes gubernamentales como FundaCultura, Secretaria de Cultura y todos los entes gubernamentales de cultura financiaban la Cultura y sus trabajadores.

No hay respuestas, ni soluciones en lo inmediato. Farruco no la asomo, no la asomara.

La respuesta esta en nosotros. Hemos transitado y procesado Congresos de cultura, mesas de trabajo, diagnósticos comunitarios, programas, eventos, el ultimo intento son las Redes, colectivos culturales, las mesas técnicas del Consejo de los Trabajadores del Arte, en fin. Un camino largo de compañeros artistas, cultores que autogestionan sus actividades culturales, algunas no necesariamente comerciales y otras con su derecho individual valido para sustentarse, otros solo , vacíos de contenido, en su afán de lucrarse, otros para realizarlas y llevarlas a cabo por amor al arte. Pero todos haciendo lo que mejor saben hacer: Ser trabajadores del Arte.

Aún buscamos darle cumplimiento a estos articulados interesantes, como el numerado 89 en nuestra CRBV, que reza así: el trabajo es un hecho social y gozará de la protección del Estado. La ley dispondrá lo necesario para mejorar las condiciones materiales, morales e intelectuales de los trabajadores y trabajadoras. Para el cumplimiento de esta obligación del Estado se establecen los siguientes principios.: 1),2),3),4)5),6)….En el capitulo VI. De los derechos culturales y educativos, encontramos el artículo 99:…el estado fomentará y garantizará, procurando las condiciones e instrumentos legales y presupuestos necesarios. ¡( ¿?)!

Es nuestro derecho y voluntad vivir digna y profesionalmente del arte, el ejercicio y preservación de la cultura en todas sus manifestaciones. Como trabajadores del Arte que somos. Al igual como aquellos compatriotas que voluntariamente escogieron ser militares trabajadores de la patria, subvencionados totalmente por el estado, la cual invierte y presupuesta sumas considerables para proteger a la patria. No conozco ningún caso de autogestión en este sector.



Los indicadores culturales son datos estratégicos, que en otros países son utilizados para transformar y a partir de allí planificar políticas culturales integrales.



En su reflexión final, el ministro también asomo la inquietud que le dejaba el discurso de muchos compañeros, al sentirse, que era como retroceder. Esta también es su responsabilidad Ministro. Como también es corresponsabilidad de todos los entes gubernamentales del sector cultural. Al igual que es nuestra responsabilidad como activadores, cultores, artistas.



Pareciera que Olvidamos todos los procesos por los cuales hemos transitado en el sector cultural en carabobo , en la ultima década, los avances, infinidad de diagnósticos y propuestas construidas, entregadas a nacientes gobernaciones bolivarianas. Al igual que trabajos colectivos comunitarios que datan de 30 años o más, que han sembrado y hoy recogen el fruto de esa siembra sociocultural. Entre ellos Tacón y Cuerdas, Verde Clarita, Roja Imperial, Grupo Tabaré de la Guacamaya y Barrio Central, Maritza y Torrence, el colectivo combatiente del Barrio la Luz en Naguanagua entre muchos otros de larga trayectoria. Recuerdo papeles de trabajo construidos por el colectivo cultural en aquella trinchera de encuentro en la División de cultura de la zona Educativa, que comandaba el camarada Fidel Hernández. Los recién llegados o nuevos integrantes desconocen estos caminos transitados. Quizás, el ministro con su quinto plan de proyecto de Indicadores culturales, cree que descubre el agua clara.



Una constante en el sector cultura es la no continuidad a los planes, proyectos, no hay registros, sistematizaciones, estadísticas, censos confiables de cultores y artistas. En líneas generales estamos lejos de dar cumplimiento a los Indicadores Culturales. Y eso que Farruco dice tranquila y tristemente que vamos por el quinto.



Por lo pronto amigos y trabajadores del arte, a ser mucho más creativos y autogestores culturales, como lo hemos venido haciendo desde una larga caminata. Valorar más nuestra profesión digna y transformadora.



Seguimos creyendo en la facultad que tiene el arte, la cultura y la educación para transformar sociedades.





Grisel Antonieta López Rodríguez

Artista Plástico

Lic. Educación, mención Desarrollo Cultural

domingo, 22 de agosto de 2010

Sindrome de Estocolmo

lunes, 16 de agosto de 2010

EL PENSAMIENTO RADICAL


La novela es una obra de arte no tanto por sus semejanzas inevitables con la vida como por las diferencias inconmensurables que la separan de ella.
STEVENSON

De igual manera, el pensamiento no vale tanto por sus convergencias inevitables con la verdad como por las divergencias inconmensurables que lo separan de ella.

No es cierto que para vivir haya que creer en la propia existencia. Además, nuestra conciencia nunca es el eco de nuestra existencia en tiempo real, sino su eco en tiempo diferido, la pantalla de dispersión del sujeto y de su identidad (sólo en el sueño, la inconsciencia y la muerte existimos en tiempo real, somos idénticos a nosotros mismos). Esta conciencia procede mucho más directamente de un desafío a la realidad, de la idea preconcebida de la ilusión objetiva del mundo que de su realidad.

Este desafío es más vital para nuestra supervivencia y la de la especie que la creencia en la realidad y en la existencia, que responde a consuelos espirituales para ser utilizados en otro mundo. Nuestro mundo es lo que es, y no por ello es más real.

«El instinto más poderoso del hombre es éntrar en conflicto con la verdad, y por tanto con lo real. »

La creencia en la realidad forma parte de las formas elementales de la vida religiosa. Es una debilidad del entendimiento, una debilidad del sentido común, y la última trinchera de los celadores de la moral y de los apóstoles de lo racional. Afortunadamente, nadie, ni siquiera los que lo profesan, vive de acuerdo con ese principio, y con razón. Nadie cree básicamente en lo real, ni en la evidencia de su vida real. Sería demasiado triste.

Pero en fin, dicen esos buenos apóstoles, no se os ocurrirá desacreditar la realidad ante los ojos de aquellos a quienes tanto les cuesta vivir, y qué tienen perfecto derecho a lo real y al hecho de que existen. Idéntica objeción respecto al Tercer Mundo: no se os ocurrirá desacreditar la abundancia ante los ojos de los que se mueren de hambre. O bien: no se os ocurrirá desacreditar la lucha de clases ante los ojos de unos pueblos que ni siquiera han tenido derecho a su revolución burguesa. O bien: no se os ocurrirá desacreditar la reivindicación feminista e igualitaria ante los ojos de todas aquellas que ni siquiera han oído hablar de los derechos de la mujer, etc.

¡Si no os gusta la realidad, no se la quitéis de la cabeza a los demás! Es una cuestión de moral democrática: no hay que desesperar a Billancourt. Nunca hay que desesperar a nadie.

Detrás de estas intenciones caritativas se oculta un profundo desprecio.

En primer lugar,en el hecho de instituir la realidad como una especie de seguro de vida o de concesión perpetua, como una especie de derecho del hombre o un bien de consumo corriente. Pero sobre todo empujando a la gente a poner únicamente su esperanza en las pruebas visibles de su existencia: al atribuirles este realismo chato, se les toma por ingenuos y por débiles mentales. Hay que decir en descargo de los propagandistas de la realidad que este desprecio comienzan a ejercerlo sobre sí mismos, reduciendo su propia vida a una acumulación de hechos y pruebas, de causas y efectos.

Un resentimiento cómo es debido comienza siempre por uno mismo.

Si decís: Esto es real, el mundo es real, lo real existe (yo lo he encontrado), nadie ríe. Si decís: Esto es un simulacro, no somos más que un simulacro, esta guerra es un simulacro, todos se parten de risa. Con una risa de conejo y condescendiente, o convulsiva, como ante una broma pueril o una proposición obscena. Todo lo que se refiere al simulacro es tabú u obsceno, al igualque lo que se refiere al sexo o a la muerte. Sin embargo, lo que es obsceno es más bien la realidad y la evidencia. La verdad es lo que tendría que darnos risa. Cabe imaginar una cultura en la que todos rían espontáneamente cuando alguien dice: Esto es verdad, esto es real.

Todo esto define la relación insoluble del pensamiento y lo real. Hay una forma de pensamiento solidaria con lo real. Parte de la hipótesis de que existe una referencia a la idea y una ideación posible de la realidad. Polaridad reconfortante, que es la de las soluciones dialécticas y filosóficas a medida. La otra forma de pensamiento es externa a lo real, extraña a la dialéctica, extraña incluso al pensamiento crítico. Ni siquiera es una denegación del concepto de realidad.

Es ilusión, poder de ilusión, es decir, un juego con la realidad, de la misma manera que la seducción es un juego con el deseo, o la metáfora un juego con la verdad. Este pensamiento radical no ha surgido de una duda filosófica, ni de una transferencia utópica ni de una trascendencia ideal.

Es la ilusión material, inmanente a este mundo llamado «real». De repente parece venir de otro lugar. Parece la extrapolación de este mundo en otro mundo.

De todos modos, existe una incompatibilidad entre el pensamiento y lo real. No hay entre ambos ningún tipo de transición necesaria o natural. Ni alternancia, ni alternativa: sólo la alteridad y la distancia los mantienen bajo tensión. Eso es lo que asegura al pensamiento su singularidad, aquello que lo hace único, como es única la singularidad del mundo.

Es indudable que no siempre ha sido así. Cabe pensar en una conjunción afortunada de la idea y la realidad, a la sombra de la Ilustración y de la modernidad, en los tiempos heroicos del pensamiento crítico. Pero éste, que se ejercía contra una determinada ilusión, supersticiosa, religiosa o ideológica, ha terminado en sustancia. Aunque hubiera conseguido sobrevivir a su secularización catastrófica en todas las políticas del siglo XX, esta relación ideal, y aparentemente necesaria, entre el concepto y la realidad se vería de todos modos actualmente destruida. Se ha disuelto bajo la presión de una simulación gigantesca, técnica y mental, en favor de una autonomía de lo virtual, liberada ahora de lo real, y de una autonomía simultánea de lo real que vemos funcionar por sí misma en una perspectiva delirante, es decir, autorreferencial al infinito.

Expulsado en cierto modo de su propio principio, desterrado, lo real se ha convertido en un fenómeno extremo. O sea que ya no es posible pensarlo como real, sino como desorbitado, como visto desde otro mundo, como ilusión. Pensemos en la experiencia sorprendente que sería el
descubrimiento de otro mundo real como el nuestro. Descubrimos la objetividad de nuestro mundo más o menos al mismo tiempo que América. Ahora bien, no se puede ya inventar lo que se ha descubierto. Así es como hemos descubierto la realidad, que queda por inventar (así es
como hemos inventado la realidad, que queda por descubrir).
¿Por qué no tiene que haber tantos mundos reales como mundos imaginarios? ¿Por qué un solo mundo real, por qué semejante excepción? A decir verdad, el mundo real, entre todos los mundos posibles, es impensable salvo como superstición peligrosa. Debemos distanciarnos de él de la misma manera que el pensamiento crítico se distanció hace tiempo (¡en nombre de lo
real!) de la superstición religiosa. ¡Pensadores, un esfuerzo más!
De todos modos, los dos órdenes de pensamiento son irreconciliables. Cada uno de ellos sigue su curso sin confundirse, como máximo se deslizan el uno sobre el otro como placas tectónicas, y de vez en cuando su colisión o su subducción crean líneas de falla en las que la realidad
se abisma. La fatalidad siempre está en el cruce de estas dos líneas de fuerza. De igual manera, pensamiento radical se halla en el cruce violento del sentido y el sinsentido, de la verdad y la noverdad, la continuidad del mundo y la continuidad de la nada.

Contrariamente al discurso de lo real, que apuesta a que hay algo más que la nada, y se pretende basado en la garantía de un mundo objetivo y descifrable, el pensamiento radical, por su parte, apuesta en favor de la ilusión del mundo. Se pretende ilusión devolviendo la no veracidad
de los hechos, la no-significación del mundo, formulando la hipótesis opuesta de que no hay nada en lugar de algo, y persiguiendo esta nada que corre bajo la aparente continuidad del sentido.

La predicción radical siempre es la de la no-realidad de los hechos, la de la ilusión del estado de hecho. Sólo comienza con el presentimiento de esta ilusión, y jamás se confunde con el estado objetivo de las cosas. Cualquier confusión de este tipo es semejante a la del mensajero con
su mensaje, que provoca la eliminación del mensajero portador de malas noticias (por ejemplo, la de la incertidumbre de lo real, la del sobreseimiento de determinados acontecimientos, la de la nulidad de nuestros valores).

Toda confusión del pensamiento con el orden de lo real -esta supuesta «fidelidad» a lo real de un pensamiento que lo ha inventado de pies a cabeza- es alucinatoria. Obedece, además, a un contrasentido total sobre el lenguaje, el cual es ilusión en su movimiento mismo, ya que es
portador de la continuidad del vacío, de la continuidad de la nada en el corazón mismo de lo que dice, ya que es, en su misma materialidad, deconstrucción de lo que significa. De la misma manera que la fotografía connota la desaparición y la muerte de lo que representa, lo cual le
otorga su intensidad, también lo que origina la intensidad de la escritura, trátese de ficción o de teoría, es el vacío, la nada en filigrana, es la ilusión del sentido, es la dimensión irónica del lenguaje,
correlativa a la de los propios hechos, que jamás son lo que son.

Literalmente: jamás son más de lo que son, y jamás son solamente lo que son. La ironía de los hechos, en su miserable realidad, es precisamente que no son más que lo que son, pero que por ese mismo hecho están
necesariamente más allá. Pues la existencia de hecho es imposible; nada es de una evidencia total sin llegar a ser enigmático. La propia realidad es demasiado evidente para ser verdadera.

Esta transfiguración irónica es lo que constituye el acontecimiento del lenguaje. Y el pensamiento debe dedicarse a restituir esta ilusión fundamental del mundo y del lenguaje, a no ser que entienda estúpidamente los conceptos en su literalidad -mensajero confundido con el mensaje,
lenguaje confundido con su sentido, y por tanto sacrificado de antemano.
La exigencia del pensamiento es doble y contradictorias. No consiste en analizar el mundo para sacar de él una verdad improbable. Tampoco consiste en adaptar a los hechos para abstraer de ellos alguna construcción lógica. Consiste en instaurar una forma, una matriz de ilusión y de desilusión, que la realidad seducida cabe por alimentar de manera espontánea, y que por
tanto se verifique implacablemente (basta sólo con mover de vez en cuando un poco el objetivo).

Ya que la realidad no pide otra cosa que someterse a las hipótesis, las comprueba todas, ahí está, además, su astucia y su venganza.
El ideal teórico seria instalar unas proposiciones tales que pudieran ser desmentidas porla realidad y que ésta no tuviera más remedio que oponerse a ellas violentamente, y gracias a ello desenmascararse, pues la realidad es una ilusión, y cualquier pensamiento debe intentar fundamentalmente desenmascararla. Para ello, tiene que avanzar enmascarada y presentarse
como señuelo, sin consideraciones con su propia verdad. Tiene que poner su orgullo en no ser un instrumento de análisis, en no ser un instrumento crítico, ya que es el propio mundo el que debe analizarse. El propio mundo debe revelarse no como verdad, sino como ilusión. La desrealización
del mundo será obra del propio mundo.

Hay que pillar en la trampa a la realidad, y correr más que ella. También la idea tiene que correr más que su sombra. Pero si corre demasiado, llega a perder su sombra. No tener nisombra de una idea... Las palabras corren más que el sentido, pero si corren demasiado es la locura: la elipsis del sentido puede hacer perder incluso el gusto del signo. ¿Con qué intercambiar esta parte de sombra y de trabajo, esta parte de economía intelectual y de paciencia, a cambio de qué venderla al diablo? Es muy difícil de decir. De hecho, somos los huérfanos de una realidad llegada demasiado tarde, y que no es más, igual que la verdad, qué una verificación
retrasada.

El acabóse es que una idea desaparezca como idea para convertirse en una cosa entre lascosas. Ahí es donde encuentra su conclusión. Al haberse hecho consustancial al mundo que la rodea, ya no tiene por qué aparecer, ni ser defendida como tal. Evanescencia de la idea por diseminación
silenciosa. Una idea jamás está destinada a estallar, sino a apagarse en el mundo, en su transparentarse al mundo, y en el transparentarle del mundo en ella. Un libro sólo se detiene con la desaparición de su objeto. Su sustancia no debe dejar huellas. Es el equivalente de un crimen.
Sea cual sea su objeto, la escritura debe dejar irradiar su ilusión y convertirla en un enigma inaprehensible, inadmisible para los realpolíticos del concepto. El objetivo de la escritura consiste
en alterar su objeto, seducirlo, hacerlo desaparecer ante sus propios ojos. Apunta a una resolución total, resolución poética según Saussure, la misma de la dispersión rigurosa del nombre de Dios.

Contrariamente a lo que suele afirmarse (lo real es lo que resiste, aquello en lo que se estrellan todas las hipótesis), la realidad no es muy sólida, y parece más bien dispuesta a replegarse en desorden. Trozos enteros de la realidad se desploman, como en el hundimiento de la Baliverna
de Buzzatti, donde la menor resquebrajadura provoca una reacción en cadena. Por todas partes encontramos sus vestigios descompuestos, como en el Mapa y el Territorio de Borges.

No sólo ya no ofrece resistencia a los que la denuncian, sino que se oculta incluso ante los que la defienden. Quizá sea una manera de vengarse de sus celadores: devolviéndolos a su propio deseo. A fin de cuentas, quizá sea más una esfinge que una perra.

Más sutilmente, se venga de los que la niegan, dándoles paradójicamente la razón. Cuando se comprueba la hipótesis más cínica, la más provocadora, nos sentimos víctimas de una mala pasada, desarmados ante la lamentable confirmación de nuestras sospechas por una realidad sin escrúpulos;
De modo que adelantamos la idea de simulacro, sin que creamos realmente en ella, confiando incluso en que lo real la refuté (garantía de cientificidad según Popper).

Desgraciadamente, sólo los fanáticos de la realidad reaccionan, ella, por su parte, no parece querer desmentirnos, muy al contrario: todos los simulacros encuentran vía libre. Después de haber hurtado su idea, se adorna ahora con toda la retórica de la simulación. Actualmente es
el simulacro lo que asegura la continuidad de lo real, lo que oculta no la verdad, sino el hecho de que no exista, es decir, la continuidad de la nada.

Ésta es la paradoja de cualquier pensamiento que tache de falso lo real: cuando se vearrebatar su propio concepto. Los acontecimientos, privados de sentido en si mismos, nos robanel sentido. Se adaptan a las hipótesis más fantásticas, igual que las especies naturales y los virusse adaptan a los entornos más hostiles. Tienen una capacidad mimética extraordinaria: ya no son las teorías las que se adaptan a los acontecimientos, sino al contrario. De esta manera, nos engañan,pues una teoría que se comprueba ya no es una teoría. Terrorífico ver cómo la idea coincidecon la realidad. Es la agonía del concepto. La epifanía de lo real es el crepúsculo de su concepto.
Hemos perdido el adelanto de las ideas sobre el mundo, la distancia que hace que una idea siga siendo una idea. El pensamiento debe ser excepcional, anticipador y estar al margen, debe ser la sombra proyectada de los acontecimientos futuros. Ahora bien, hoy vamos a la zaga
de los acontecimientos. A veces puede darnos la impresión de que regresan, en la práctica hace mucho que nos han dejado atrás. El desorden simulado de las cosas ha corrido mucho más que nosotros. El efecto de realidad se ha borrado ante la aceleración: anamorfosis de la velocidad.

Los acontecimientos, tal como son, jamás llevan retraso respecto a sí mismos, siempre más allá de su sentido. De ahí el retraso de la interpretación, que sólo es la figura retrospectiva del acontecimiento
imprevisible.
¿Qué hacer entonces? ¿Qué ocurre con la heterogeneidad del pensamiento en un mundo convertido a las hipótesis más delirantes? ¿Cuando todo se adecua al modelo irónico, crítico, alternativo, catastrófico -más allá incluso de las esperanzas?

Pues bien, es el paraíso: estamos más allá del Juicio Final, en la inmortalidad, lo importante es sobrevivir allí, pues allí terminan la ironía, el desafío, la anticipación, el maleficio, tan inexorablemente como la esperanza a las puertas del infierno. De hecho, allí es donde comienza el infierno, el infierno de la realización incondicional de todas las ideas, el infierno de lo real. Se entiende (Adorno) que los conceptos prefieran zozobrar antes que llegar allí.

Nos han robado otra cosa: la indiferencia. El poder de la indiferencia, que es la cualidad del espíritu, por oposición al juego de las diferencias, que es la característica del mundo. Ahora bien, nos ha sido robada por un mundo que se ha vuelto indiferente, de igual manera que la extravagancia del pensamiento nos ha sido robada por un mundo extravagante. Cuando las cosas y los acontecimientos remiten unos a otros y a su concepto indiferenciado, la equivalencia del mundo encuentra y anula la indiferencia del pensamiento; y es el tedio. Ya no hay altercados
ni envites. Es el reparto de las aguas estancadas.

¡Qué hermosa era la indiferencia en un mundo que no lo era, en un mundo diferente, convulsivo y contradictorio, con envites y pasiones! De repente, la propia indiferencia se convertía en un envite y una pasión. Podía adelantarse a la indiferencia del mundo y convertir en acontecimiento esta anticipación. Hoy es difícil ser más indiferente a su realidad de lo que lo son los propios hechos, más indiferente a su sentido de lo que lo son las imágenes. Nuestro mundo operativo es un mundo apático. Ahora bien ¿de qué sirve ser desapasionado en un mundo sin pasión, o desenvuelto en un mundo desasumido?

No hay por qué defender el pensamiento radical. Cualquier idea defendida se presume culpable, y cualquier idea que no se defiende, por sí sola merece desaparecer. Por el contrario, hay que luchar contra cualquier acusación de irresponsabilidad, de nihilismo o de desesperación.

El pensamiento radical jamás es depresivo. En ese punto, el contrasentido es total. La crítica ideológica y moralista, obsesionada por el sentido y el contenido, obsesionada por la finalidad política del discurso, jamás toma en consideración la escritura, el acto de escribir, la fuerza poética, irónica, alusiva, del lenguaje, del juego con el sentido. No ve que la resolución del sentido está allí, en la forma misma, en la materialidad formal de la expresión.

El sentido, por su parte, siempre es desdichado. El análisis es por definición desdichado, ya que ha nacido de la desilusión crítica. Pero la lengua, en cambio, es dichosa, incluso cuando designa un mundo sin ilusión y sin esperanza. Podría ser incluso la definición dé un pensamiento radical: una forma feliz y una inteligencia sin esperanza.
Los críticos, al ser desdichados por naturaleza, eligen siempre las ideas como campo de batalla. No ven que si bien el discurso tiende siempre a producir sentido, la lengua y la escritura; por su parte, crean siempre ilusión, son la ilusión viviente del sentido, la resolución de la desdicha del sentido por la dicha de la lengua. Lo cual es exactamente el único acto político, o transpolítico, que puede realizar el que escribe.

Todos tenemos ideas, y más de las que necesitamos. Lo que importa es la singularidad poética del análisis. Sólo eso puede justificar la escritura, y no la miserable objetividad crítica de las ideas. Jamás habrá solución a la contradicción de las ideas, si no es en la energía y la dicha de
la lengua. «Yo no pinto la tristeza y la soledad», dijo Hopper, «sólo intento pintar la luz en esta pared.»

En cualquier caso, es mejor un análisis desesperante en una lengua afortunada que un análisis optimista en una lengua desdichada, desesperante de aburrimiento y desmoralizador de banalidad, como suele ocurrir casi siempre. El tedio formal que segrega este pensamiento idealista y voluntarista es el signo secreto de su desesperación, en relación con el mundo y en relación con su propio discurso. Ahí está el auténtico pensamiento depresivo, en aquellos que sólo hablan de superación y de transformación del mundo, cuando son incapaces de transfigurar su
propia lengua.

El pensamiento radical es ajeno a cualquier resolución del mundo en el sentido de una realidad objetiva y de su desciframiento. No descifra. Anagramatiza, dispersa los conceptos y lasideas, y, mediante su encadenamiento reversible, explica, al mismo tiempo que el sentido, la ilusión fundamental del sentido. El lenguaje explica la ilusión misma del lenguaje como estratagema definitiva, y, a través de él, la ilusión del mundo como trampa infinita, como seducción del espíritu, como sutilización de todas nuestras facultades mentales. Sin dejar de ser vector de sentido, es al mismo tiempo superconductor de la ilusión y del sinsentido. El lenguaje sólo es el cómplice involuntario de la comunicación; por su propia forma, recurre a la imaginación espiritual y material de los sonidos y del ritmo, a la dispersión del sentido en el acontecimiento de la
lengua. Esta pasión por el artificio, esta pasión por la ilusión, es la pasión por deshacer la excesivamente bella constelación del sentido. Y dejar transparentar la impostura del mundo, que es su función enigmática, y la mistificación del mundo, que es su secreto. Sin dejar de transparentar su propia impostura; impostor, y no componedor de sentido. Esta pasión le arrastra en la utilización libre y espiritual del lenguaje, en el juego espiritual de la escritura. Allí donde no se ha tomado en consideración este artificio, no sólo se ha perdido el encanto, sino que el propio sentido ya no puede ser resuelto.

Cifrar, no descifrar. Trabajar la ilusión. Ilusionar, para que se produzca el acontecimiento.

Convertir en enigmático lo que es claro, en ininteligible lo que es demasiado inteligible, ilegible el acontecimiento mismo. Acentuar la falsa transparencia del mundo para sembrar en él una confusión terrorista, los gérmenes o los virus de una ilusión radical, o sea de una desilusión radical de lo real. Pensamiento viral, deletéreo, corruptor de sentido, generador de una percepción erótica de la turbación de la realidad.

Promover un comercio clandestino de las ideas, de todas las ideas inadmisibles, de las ideas inconquistables, como había que promover el del alcohol en los años treinta. Porque ya nos hallamos en plena prohibición. El pensamiento se ha convertido en un producto extremadamente escaso, prohibido y prohibitivo, que debe ser cultivado en lugares secretos, siguiendo reglas esotéricas.

Todo debe ocurrir clandestinamente. El mercado oficial del pensamiento será considerado universalmente corrompido y cómplice de la prohibición del pensamiento por la clerecía dominante. Cualquier intervención de intelectuales críticos, iluminados y bien-pensantes, todos ellos politicamente y correctos, aun sin saberlo, será considerada nula y vergonzosa.

Borrar en sí cualquier huella de complot intelectual. Hurtar el informe realidad para borrar sus conclusiones. De hecho, es la misma realidad la que fomenta su propia denegación, su propia pérdida a través de nuestra escasez de realidad. De ahí la sensación de que toda esta historia-el mundo, el pensamiento, el lenguaje- ha llegado de fuera y podría desaparecer como porarte de magia. Pues el mundo no intenta seguir existiendo, ni perseverar en la existencia. Busca,por el contrario, el medio más espiritual de escapar a la realidad. Busca, a través del pensamiento,lo que puede llevarlo a su pérdida.

La regla absoluta es devolver lo que se te ha dado. Nunca menos, siempre más. La regla absoluta del pensamiento es devolver el mundo tal como nos ha sido dado -ininteligible- y si es posible un poco más ininteligible.


Jean Baudrillard
El Crimen Perfecto

lunes, 9 de agosto de 2010

Movimiento Intersexual Radical y Libertad Femenina

Entendida la liberación humana no sólo en un sentido económico, social, político y cultural, sino también como una transformación estrecha e ineludiblemente ligada a la liberación de la opresión sexual y emocional que agobia al ser humano, es necesario plantearse entonces la búsqueda de una alianza histórica y estratégica entre las mujeres dispuestas a luchar por su liberación (y por la emancipación de la humanidad en su conjunto) y otros sectores claves. Una integración de fuerzas que las lleve a luchar junto a los homosexuales radicales y los integrantes de otras minorías también oprimidas, repudiadas, explotadas o discriminadas por la dominación actual.

Las preguntas que surgirían respecto a los homosexuales de hoy son: ¿tiene sentido para ellos -a estas alturas y dados los niveles de tolerancia alcanzados- plantearse o replantearse una lucha homosexual radical? ¿con qué objetivos? ¿estarían todavía interesados o necesitados los homosexuales en su conjunto lograr una reivindicación, un respeto, una dignificación que lucirían ahora como unos objetivos alcanzados, superfluos o irrelevantes? ¿tiene sentido para ellos -en tanto que homosexuales- el cuestionamiento radical del orden social imperante? Contextualizando históricamente una respuesta a estas interrogantes debemos recordar que los medios ideológicos para pensar la homosexualidad están ligados al capitalismo occidental avanzado pero no de un modo mecánico.

Se trata de una reterritorialización perversa dentro de un mundo que tiende a la desterritorialización, pues lo que reconstituye de manera axiomática, pretende reemplazar (sustituir o reforzar) codificaciones en quiebra. Se pasa de las llamas del infierno o del encierro carcelario de los “pervertidos” a la auto-condena del infierno psicológico. Es así como, en el terreno político, desde la derecha más conservadora hasta la izquierda más “socialista” incluyendo a los partidos y grupos que se declaran comunistas, observamos que estas organizaciones pueden ser perfectamente familiaristas e incluso veladamente o privadamente anti-homosexuales, pues sólo un manto de aparente o disimulada tolerancia les impide expresarlo abiertamente.

Pero, recordemos también que históricamente la imposición de la monogamia falocrática y de la obligada fidelidad femenina, implicaron la expropiación y la des-sexualización del cuerpo de la mujer, y posteriormente -a la larga y ligada a ella- la criminalización o patologización de la homosexualidad como una forma de negar o asfixiar el deseo de unas y de otros. El tratamiento dado a la libertad y la dignidad de ambos conjuntos humanos, son expresiones visibles de una normalización heterosexual, androcéntrica, misógina y edípica de la sexualidad masculina y femenina. La homofobia y el androcentrismo misógino constituyen dos formas de opresión sexual falócratas por definición. Tanto la mujer como el homosexual son degradados, discriminados, despreciados, humillados y muchas veces martirizados por la sociedad patriarcal, homofóbica, sexista, racista, clasista y expoliadora.

El adulterio, la prostitución y la homosexualidad fueron originalmente diseñadas como categorías psico-delictivas, construcciones ideológicas -social, cultural e históricamente determinadas- definidas como perversiones, pecados o delitos objeto de reprobación, persecución y castigo. Posteriormente el pensamiento pasudo-científico de la psiquiatría, en el caso de la homosexualidad (también la nifomanía, la satiriasis y la erotomanía) transformó -como veremos- la intolerancia bárbara en intolerancia civilizada. Modernamente las antiguas perversiones pasaron a convertirse -casi todas- en patologías.

Sin embargo, desde hace varias décadas se bate en retirada pero no termina de desaparecer, una homofobia en su momento disfrazada de ciencia médica (psiquiatría y psicoanálisis) y ello porque la sexualidad y más concretamente, la homosexualidad que reprimen o que subliman, resurge por todos los poros del cuerpo social (no obstante que se habían multiplicado las barreras de la represión), una represión que se mostraba cada vez más ineficaz por estar inconscientemente encadenada al deseo que pretendía exterminar. Sin embargo, la tolerancia y los derechos de los homosexuales se han venido abriendo paso hasta convertir la homosexualidad en una opción políticamente correcta, absorbiendo o anulando el carácter subversivo y radical de la lucha homosexual revolucionaria.

Quizás obnubilados, impactados o abrumados por la intolerancia existente a mediados del siglo pasado, luchadores a favor de los derechos de los homosexuales supusieron que si la homosexualidad llegaba a obtener un mínimo de aceptación, se plantearía inmediatamente la abolición de la familia y la desaparición de la pareja heterosexual, bases fundamentales de la sociedad occidental. No se imaginaron nunca que ocurriría precisamente lo contrario, en el sentido de que el avance de los derechos de los homosexuales y la tolerancia conducirían a que los “valores” de la familia, el matrimonio y la monogamia invadirían la vida homosexual ahora normativizada a semejanza (o caricatura) de la pareja heterosexual.

Es por ello que el talante social, el tono sexual actual de la homosexualidad (especialmente la masculina, devenida hoy en un hedonismo totalmente atrapado, comercializado y asimilado por el capitalismo y su mercado) nos dice poco de un verdadero avance de la lucha deseante social y de la liberación de la enjaulada sexualidad humana, objetivos que constituyen la esencia del movimiento homosexual radical. La trampa tendida al deseo sigue allí. La tiende la represión social que logra proscribir con suficiente fuerza para crear, a la vuelta de la esquina, la revalorización o desvalorización del deseo sobre lo supuestamente permitido, para dar el gusto de la trasgresión a aquellos a quienes importa poco la prohibición. Muchos homosexuales se atreven a salir del armario pero los suicidios de jóvenes afectivamente acosados a causa de su opción sexual no han desaparecido.

El grupo formado por ciudadanos, por individuos civilizados, el grupo fálico y jerarquizado, es sometido y constantemente somete. Obedece y hace obedecer a las instituciones del “establecimiento” de las cuales toma o retoma los “valores” en la medida en que cada individuo, sabiéndose mortal, se siente débil ante las instituciones que estima inmortales. La organización de los contestatarios, es decir, el grupo radical consciente y organizado, por su parte, se siente y efectivamente es más fuerte que la muerte, porque sus integrantes saben o tienen conciencia de que las instituciones son mortales, transitorias respecto a perdurabilidad de la humanidad. Por el contrario los partidos domesticados (de derecha e izquierda) subsisten como grupos-objeto, sometidos incluso después de una eventual “toma del poder” en la medida en que ese poder remite a una potencia en la que sigue avasallándose y aplastándose la producción deseante.

Sin embargo, no hay que olvidar -por el contrario hay que insistir en ello- que el repudio a los homosexuales, la homofobia, la represión anti-homosexual es en si misma una expresión desviada del deseo homosexual auto-reprimido. Según el mismo Freud, la paranoia está ligada a la represión del comportamiento homosexual de la libido. El deseo -expulsado del yo- vuelve a la conciencia como la percepción de una manía persecutoria a través de los objetos de su predilección inconsciente. La homosexualidad insuficientemente reprimida resurge en forma de paranoia como una manifestación deformada del atractivo por su propio sexo. Pero podríamos preguntarnos ¿son sólo los homosexuales las exclusivas víctimas de la homofobia y de la represión que le sirve de sustentación?

No. También lo somos nosotros, los normales, los hombres heteronormativizados, los masculinizados por el super yo edípico. Somos nosotros los que tenemos miedo, los que estamos atrapados en una psicosis, los que nos neurotizamos, los que estamos presos en el miedo a una sexualidad plena y desprejuiciada, limitados por las barreras que encadenan el deseo y castran nuestra sexualidad férreamente confinada, bajo formas invisibles pero eficaces, en el ámbito tradicional de la pareja heterosexual y la familia monogámica. Las llamadas desviaciones sexuales tienen en si mismas el valor de no aceptar -o negarse a reproducir- los roles que la opresión heterosexual ha impuesto y que sólo existen respecto a esa normatividad histórica, social, cultural y jurídicamente determinada.

En este sentido, es de observar que el carácter histórico, socialmente condicionado e ideológicamente impuesto de la sexualidad humana, hace necesaria una crítica radical de la actual sociedad falocrática, sexista, clasista, racista, misógina y androcéntrica. Una crítica que tome en consideración la sexualidad como un motor central de la producción económica. En el entendido que una crítica radical y profunda se encaminará necesariamente hacia la construcción de una teoría a partir de la cual se cuestione la hetero-normatividad impuesta a través de la familia y la escuela, erigida esta última en espacio performativo donde el cuerpo del niño y de la niña ensaya o pone a prueba modelos discursivos estéticos y bio-políticos de normalidad o de desviación de género.

Y, es obvio que el cuestionamiento de la hetero-normatividad y de la sexualidad falocrática es una opción políticamente subversiva. Por eso la lucha homosexual radical estará estrechamente vinculada (en su fundamentación y en sus consecuencias anticapitalistas) a las luchas de la mujer por su liberación, ya que la sexualidad ha dejado de ser una cuestión secundaria o periférica a la crítica del orden social dominante, para convertirse en una piedra de toque que permite diagnosticar los procesos de domesticación y cosificación que necesita el capitalismo globalizado para perpetuarse. La opción política sexualmente radical de las mujeres y de los diferentes tipos de “pervertidos” conforma modelos de resistencia y recodificación de los flujos del saber/poder que les convierte en opciones verdaderamente revolucionarias.

Planteada así la liberación ¿no implicaría la necesidad de la unificación de los esfuerzos, la búsqueda de aliados que procuren la integración de las luchas radicales de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, transvestis, trabajadoras y trabajadores sexuales, al lado de adúlteros consuetudinarios, amantes clandestinos, concubinas y concubinos; hombres y mujeres promiscuos o partidarios del amor libre, para que cada unos desde su propia y particular necesidad, entiendan la necesidad de luchar por la más absoluta libertad, por la plena soberanía de cada individuo, sobre su cuerpo y su sexualidad, sobre su deseo tal y como este se manifieste, sin otra limitación u obstáculo que los derechos, la libertad y la dignidad de nuestros semejantes.

Llegados a este punto y admitiendo que la liberación la humanidad, la reivindicación o revalorización integral de lo humano, reclama, además de una ruptura de las cadenas económicas y sociales (es decir, la superación de las contradicciones que nos mantienen entrampados en una egoísta e insensata manera de satisfacer nuestras necesidades materiales) reclama también, simultáneamente, una liberación emocional, una emancipación sexual, una liberación libidinal, en otras palabras, una emancipación respecto al Deseo polívoco y polimorfo, lo que reclamaría como necesaria una desgenitalización de la sexualidad reducida a la penetración pene-vagina.

Todo ello herá necesario poner en marcha un audaz proceso de desjerarquización y descentralización fálica que permita la recuperación o reconquista de una sexualidad integral, mediante las cuales se alcance la desterritorialización del cuerpo humano para que toda la piel -velluda o lampiña-, la boca, el ano y todos los oriificios, conjuntamente con los pezones, el clítoris, la lengua, los dedos, el pene y todas las protuberancias (tanto bio como tecnoprótesis) sean recuperadas o aceptadas para el disfrute sexual holístico e integral, rompiendo así los compartimientos estancos, las trampas tendidas al deseo por toda norma independientemente de que sea dictada por la hétero, la homo o la bisexualidad. Podríamos de esta manera, encaminarnos a una plena intersexualidad que abra las compuertas: a la conexión no jerárquica de los órganos; a la redistribución pública del placer y a la liberación sexual de la totalidad del cuerpo humano.

La lucha organizada y la alianza de movimientos de liberación femenina, al lado de grupos radicales de gays, lesbianas, trans y otros “pervertidos” en la medida en que se planteen la liberación y la dignificación del deseo en todas sus formas o manifestaciones, aceptarán que necesitan apoyar o reafirmar el carácter universal de la bisexualidad humana en el sentido freudiano. Una lucha en estos términos y con estos objetivos se da de la mano con los movimientos de quienes estamos dispuestos a luchar y efectivamente luchamos por la emancipación política, económica y social de todo el género humano. ´

En efecto, la liberación del deseo como objetivo de un movimiento intersexual radical, plantearía la supresión de la jerarquía fálica que se traduce concretamente en la negación del poder y en la reafirmación y la liberación del querer. Un grupo homosexual radical puede ser verdaderamente revolucionario en la medida en que irrenunciablemente haga penetrar el deseo en el campo de lo social.

José Manuel Hermoso