miércoles, 17 de mayo de 2017

Cinco Armas

Entró en el bosque y cuando llegó al centro el ogro se le apareció. El ogro había aumentado su estatura a la altura de una palmera; se había creado una cabeza tan grande como una casa de verano con un pináculo en forma de campana, unos ojos como cestos de limosna, dos colmillos como
bulbos o capullos gigantes; un pico de halcón; la barriga estaba llena de ronchas y las manos
y los pies eran verde oscuro. “¿Dónde vas? —le preguntó— ¡Detente! ¡Eres mi presa!”
El príncipe Cinco Armas contestó sin temor y con gran confianza en las artes y tretas que había aprendido. “Ogro —dijo—, sabía a lo que me exponía cuando entré en este bosque. Harías bien en cuidarte de atacarme, porque atravesaré tu carne con una flecha mojada en veneno y te haré caer en tus huellas”. Habiendo amenazado así al ogro, el joven príncipe puso en su arco una flecha mojada
en veneno mortal y la disparó. Cayó en los cabellos del ogro. Luego disparó una detrás de la
otra, cincuenta flechas. Todas se pegaron en los cabellos del ogro. El ogro se sacudió cada
una de las flechas, que cayeron a sus pies, y se aproximó al joven príncipe.
El príncipe Cinco Armas amenazó al ogro por segunda vez y levantando su espada,
le dio un golpe maestro. La espada, que tenía treinta y tres pulgadas de largo, se pegó a los
cabellos de ogro. Entonces el príncipe quiso atravesarlo con una lanza, que también se pegó a
sus cabellos; al ver que la lanza se había pegado, lo golpeó con un garrote, que también se
pegó a sus cabellos.
Cuando vio que el garrote se había pegado, le dijo: “Señor ogro, nunca habéis oído
hablar de mí. Soy el príncipe Cinco Armas. Cuando entré en este bosque infestado por vos,
no pensaba en arcos ni en armas parecidas; cuando entré en este bosque, pensaba sólo en mí
mismo. Ahora voy a golpearos y a convertiros en polvo.” Habiendo dado a conocer su
determinación y dando un alarido, golpeó al ogro con su mano derecha. La mano se pegó a
los cabellos del ogro. Lo golpeó con la mano izquierda. También se le pegó. Lo mismo
sucedió a su pie derecho. Lo golpeó con su pie izquierdo. También se le pegó. Pensó: “Le
golpearé con mi cabeza y se ha de convertir en polvo.” Lo golpeó con la cabeza. Y también se
le pegó en el cabello del ogro. El príncipe Cinco Armas falló cinco veces, se pegó en cinco lugares y colgaba del cuerpo del ogro. Con todo eso, no estaba atemorizado; entretanto, el ogro pensó: “Éste es un hombre león, un caballero de noble nacimiento... no [86] un simple hombre. Porque aunque
ha sido atrapado por un ogro como yo, no parece temblar ni estremecerse. En el tiempo que
he cuidado de este camino, no he visto ningún hombre que lo iguale. ¿Por qué no tendrá
miedo?” Sin atreverse a comérselo, le preguntó: “Joven, ¿por qué no tienes miedo? ¿Por qué no estás aterrorizado con el miedo a la muerte?”
“Ogro, ¿por qué habría yo de tener miedo? Si se tiene una vida, es absolutamente
seguro que se tendrá una muerte. Es más, tengo en el vientre un trueno. Si me comes, no
podrás digerir esa arma. Te romperé por dentro en pedazos y fragmentos que han de
matarte. En ese caso, ambos pereceremos. ¡Por eso no tengo miedo!”
El lector debe saber que el príncipe Cinco Armas se refería al Arma del Conocimiento
que estaba dentro de él.

libro aquI

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