viernes, 11 de julio de 2014

La planta de Eva

Hay dos maneras de decirlo y ambas me gustan:“No hay nada más confuso que una explicación” y “No aclare que oscurece”.  Aún así, asumo el riesgo de  la complejidad y la responsabilidad de mis palabras.



Aunque me gusta la planta, no me identifico con el comportamiento de   EVA cuando se la encuentra en Wall-E. Creo que ella, la planta, es otra gran excluida del  patriarcado, exclusión que comienza con las mujeres y termina con el propio sistema, vació de sentido y aliento. El objeto de la exclusión es la exclusión.

Estoy a favor de su legalización para poder dedicarme a su cultivo, más que a su investigación o perfeccionamiento, ella ya era super hace 3000 años y desde mucho antes ha contribuido a la evolución humana:

Los receptores de canabinoides aparecieron por primera vez hace 600 millones de años en animales marinos invertebrados como la ascidia plisada; los humanos compartimos un 80% de material genético con las ascidias, haciéndolas nuestro pariente más cercano dentro de los invertebrados. Los mamíferos y muchas especies animales, somos receptores de canabinoides .
Para los biólogos evolucionistas, la aparición del sistema de receptores de canabinoides está relacionada con la capacidad de que nuestros patrones neuronales sean modificados con la experiencia y puedan adaptarse a nuevas situaciones. “Adaptarse a nuevas situaciones” es básicamente de lo que se trata la selección natural: los que se adaptan sobreviven. El sistema respiratorio por medio del cual nos oxigenamos o el digestivo que nos ayuda a descomponer elementos pesados en moléculas aprovechables aparecieron de la misma forma y con funciones análogas: permitir que una nueva especie se adapte a las situaciones cambiantes del entorno, en esa dialéctica memoria/olvido en que se cifra la evolución de las especies.

La capacidad de cambiar de opinión está dada por una conmutación en las conexiones neuronales; el consumo de cannabis permite que seamos conscientes de la organización de ese sistema neuronal, además de poder reevaluar la utilidad de la información que la conforma. En el nivel individual de la especie (es decir, en cada uno de nosotros) un sistema bioquímico nos dota con la capacidad de desaprender, de romper patrones o de cambiarlos cuando el entorno en el que dichos patrones fueron útiles, a su vez, permuta.

Tanto biológica como materialmente, la planta nos ha acompañado a lo largo de toda  nuestra historia. En China se hace referencia a su cultivo desde hace unos ocho mil años. En España se usufructuó durante varios siglos seguidos con reconocimiento oficial especial, sirviendo para la confección de vestidos, velas navales y piezas de barcos, cordajes, papel. Las velas de Cristóbal Colón, la bandera estadounidense y los papeles con que se declaró su independencia fueron confeccionados con fibra de Cannabis.
En España, al sur de la Comunidad Valenciana, existe una ciudad, cuya historia y economía están vinculadas al cáñamo desde la Edad Media; se denomina Callosa de Segura. Esta ciudad, cuenta entre sus títulos con el de "Ciudad del Cáñamo". En ella se encuentra la mayor producción mundial de hilos, cabos y redes.. Y en su oferta cultural cuenta con la "Escuela de los Trabajos del Cáñamo", en la que se enseña todo el proceso, desde la plantación de la semilla, hasta la producción de hilos y cuerdas. También cuenta con el único museo del mundo dedicado a esta fibra, el "Museo Etnológico del Cáñamo y Huerta".
La variopinta utilidad del cáñamo y su calidad le valió en algunas épocas la consideración de planta sagrada que potencia la evolución de lo humano.
La disminución de su cultivo en los países industrializados comenzó a raíz de una confusa política de prohibición de la marihuana, que afectó directamente al cáñamo, en los años 30 del siglo XX..
Por ser ella, la planta, como muchas víctimas de exclusión, ocasión y motivo de mis batallas, mis enemigos y detractores han pretendido envilecerme de toxicómana, como si todo consumidor ocasional de alcohol fuese adicto. Para nada, mi filosofía al respecto, me la inculcó mi madre: Hay que comer para vivir y no vivir para comer, axioma que aplico con mesura a todo consumible. De mi padre aprendí que compartir es el secreto de vivir.
Para todo lo demás, la bicicleta.
Salud,
Julie Hermoso
Fuentes: Pijamasurf y Wikipedia.

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