sábado, 25 de abril de 2015

La verdad es más extraña que la ficción


Dos parejas burguesas se reúnen para pasar el fin de semana en una mansión, donde el destino los alcanza en la forma de dos delincuentes, Evelio y Sagrario, acostumbrados al fraude, el robo y los juegos de azar, ellos, detritus, los enfrentan al esfuerzo de sobrevivir, pues Jairo, policía corrupto y ex, de la prostituta Sagrario los acorrala allí, con el objetivo de lavar su honor, sin dejar testigos.
La película narra las peripecias de estos personajes, aparentemente, distintos entre sí que entretejen sus vidas tratando de huir de una organización mafiosa internacional con mucho poder, que quiere eliminar a una de las parejas burguesas, por haber sido testigos del crimen de un alto político Venezolano. Se trata, en fin, de la fábula surrealista de los inocentes perseguidos, de los oprimidos, en pos de la libertad.
Hay países que se dividen en clases sociales, los hay que se distinguen en castas, nuestro igualitarismo se basa en el ”inconsciente delictivo”, todos tenemos un rancho en la cabeza. Ya lo expresó Zapata en sus propios términos, cuando estuvo a la cabeza de una campaña presidencial imaginaria que ofrecía como bien supremo la democratización de la corrupción.
La justicia, humana y divina es lenta, para los que no recuerdan su inmortalidad, pero su brazo es largo. Nuestra crisis, endógena y global, tiene el mismo origen: La senilidad del patriarcado, el sistema de dominación que los hombres se han aplicado unos a otros y a todo lo demás, por ignorancia.
Se trata pues de aprender a aprender sin descanso y sin demora. Abandonar rémoras y excusas para emprender el vuelo. En palabras del Chilam Balam: se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo al terminar la codicia.

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